20 insultos elegantes para fomentar la creatividad

No sé si alguno de vosotros relacionará directamente el tema de este artículo con la vuelta de las vacaciones. Si es así, está en lo cierto. Y es que la rutina saca lo peor que llevo dentro de una forma primaria y animal. Sin embargo, este artículo quiere ir un poco más allá, al fin y al cabo, somos creadores y los insultos pueden ser  un arte en sí mismo. Sí, habéis leído bien. ¿Quién no querría manejar el arte del insulto? ¿Cómo conseguir lanzar un dardo cuyo veneno sea específico para la diana elegida? En definitiva, ¿cómo se inventa un buen insulto?

Vayamos por partes, como siempre. ¿Todos sabemos lo que es insulto?

Dice nuestra sempiterna RAE, que un insulto es, en su primera acepción, una ofensa dirigida a alguien, provocándolo e irritándolo con palabras o acciones.

Sí, lo confieso, me apetece insultar a todo el mundo, pero con insultos elegantes, que yo soy muy fina.

Todo el mundo conoce una gran variedad de insultos. Los llevamos escuchando desde niños. Forman parte de nuestra forma de ser y varían según la zona geográfica que habitamos. Si tenemos más o menos vocabulario, nuestro abanico será más o menos amplio. Así pues, ¿por qué crear insultos nuevos? ¿Por qué ejercitar el arte del insulto? ¿Por qué utilizar insultos elegantes?

No soy la primera en abogar por el arte del insulto, hay incluso un libro que ahonda mucho más en este tema (500 páginas) y hace un recorrido exhaustivo por este peculiar vocabulario que trasciende la palabra y ha provocado guerras, amores imposibles y desastres de toda índole: El arte de insultar, de Hector Anaya.

Primera razón: sé elegante

insultosAnalicemos la definición de insulto que no ofrece la academia. El quid de la cuestión es la ofensa dirigida a alguien concreto. Los insultos más corrientes están al alcance de cualquiera: tonto, estúpido, cabrón… Estos nos los sabemos todos, ¿verdad? Podemos utilizar un insulto común que cuadre para nuestro sujeto. Hay insultos dirigidos hacia el físico, y se centran en una parte anatómica que sobresalga y que podamos exagerar, como en una caricatura. Uno también se puede meter con la capacidad mental o con la reputación. Pero, ¿por qué no crear insultos exclusivos? ¿Palabras ofensivas a la medida del insultado?

Creo que un buen insulto es una estocada certera que deja al contrario de rodillas ante ti. Por eso no sirve cualquier palabra ofensiva. Dicen que la mejor venganza se sirve fría, pero esto no sirve a la hora de insultar. Es como ejercitar un arte marcial: los movimientos deben fluir en caso necesario. Un buen insulto no ha de ser burdo como si golpearas con una piedra, no… debe herir de forma medida. Debe ser un insulto elegante.

Un buen insulto debe dejar a tu contrincante de rodillas ante ti, herido por una estocada certera. tweet

 Segunda razón: evita consecuencias legales

Una de las ventajas de manejar el arte del insulto es librarte de consecuencias legales. Y no es algo baladí según están los tiempos. Ahora quien no se siente ofendido por algo o por alguien es un espécimen extremadamente raroy las denuncias están a la orden del día. ¿Alguien recuerda esta noticia sobre cierta discusión y la mención a un “caranchoa“? Así que inventar un buen insulto nos puede evitar un disgusto ante los tribunales. Ya sabemos, a estas alturas, que la RAE solo recoge el habla habitual y lo regula, pero somos libres de crear nuestras propias palabras: neologismos.

Tercera razón: fomenta tu creatividad

Si hemos dicho antes que el arte de insultar debe ser elegante y preciso, y además acudir a nuestra boca de inmediato, debemos trabajar en ello. ¿Por qué no empezar mentalmente con ese compañero huelegateras o con un jefe peinabombillas? Ah, ¿que no os suenan estos insultos? En tal caso, deberíais repasar vuestro vocabulario y aprender de las ocurrencias de otros, porque existen insultos verdaderamente geniales y poco usados. Supongo que tampoco conoceréis la historia de algunos de los insultos más conocidos. No os perdáis esta breve antología del insulto, sobre todo el origen de nuestro global “gilipollas” o el intercambio de pareceres entre Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós. Impresionante documento, esos sí son insultos elegantes (por lo menos, en su comienzo). Antes de agudizar vuestro ingenio, podemos dar una vuelta por mis preferidos.

¿Cómo se crea un buen insulto?

Insultar es un acto de habla, es decir, con las palabras usadas se quiere conseguir algo. En este caso, molestar al receptor: ofenderlo. En muchas ocasiones no se molesta precisamente por la palabra utilizada, sino por el tono usado al pronunciar esa palabra que le crea un contexto único. Por ejemplo, puedo llamar “monstruo” a alguien de forma entusiasta y peyorativa dependiendo de la entonación.

Sin embargo, en este artículo me interesan los insultos creativos. Esos que dejan al insultado pensando durante un segundo el significado de lo que ha escuchado.

Insultar es un acto de habla, con una palabra se pretende conseguir algo: ofender. tweet

 No es casualidad que la mayoría de mis insultos preferidos sean palabras compuestas. Una palabra compuesta es aquella formada por palabras diferentes y cuyo resultado es otro término nuevo. Las combinaciones pueden ser infinitas y el juego para encajar las dos definiciones y conseguir algo único, muy divertido. ¿Comenzamos? A continuación enumero veinte insultos que me encantan y por qué.

20 insultos para fomentar la creatividad

insultosMamacallos: ¡Oh, sí! Pronunciadlo en voz alta. ¿No se os llena la boca por la ofensa? Según nuestra RAE, su definición es: hombre tonto y pusilánime. ¿Qué cosa más tonta y absurda que chupar un callo? ¿Y qué articulista odiosa os ha dejado con esa imagen ocupando vuestra mente? Sí, soy malvada, lo reconozco.

Tontivano: Un tontivano es un tonto vanidoso, alguien que ni siquiera merece un insulto con más injundia. ¿Os imagináis la escena? El ofendedor mira al futuro ofendido entornando los ojos durante un instante, antes de girar la cabeza hacia el lado contrario mientras deja caer la palabra de entre sus labios, como sin querer: “Tontivano”.

Papamoscas: Su definición nos lleva hasta “Papanatas”. ¿Y qué significa Papanatas?: palabra compuesto por papar y nata: Persona simple y crédula o demasiado cándida y fácil de engañar. Me gusta porque la propia ofensa conserva cierta candidez, ¿no os parece? Llamar a alguien papamoscas o papanatas es insultarle con cariño.

Barbitonto: Un insulto que aúna aspecto e intelecto en una misma palabras. Un zasca elegante para decirle a alguien que tiene cara de tonto.

Bocachancla: ¿Sabíais que nuestro castizo bocachancla no está en la RAE? ¿Quién no se lo ha dicho alguna vez a algún amiguete?¡Bocazas, charlatán! Pues como os lo cuento, no es un insulto recogido en el diccionario, así que nadie nos puede denunciar por llamárselo.

Peinabombillas: ¿Hay una acción más absurda que peinar una bombilla? ¿A quién se le ocurriría este insulto? Me parece una combinación genial para llamar a alguien tonto. ¡Peinabombillas! Y el viento traslada la palabra desde la ventanilla bajada de un coche tras un frenazo brusco.

Cagalindes: Su definición es la de cobarde, pero la verdad es que la imagen que aparece en mi mente cuando escucho este insulto es un personaje de la corte, pañuelo en mano, saltando entre cagarrutas de vaca tras los muros de palacio. ¿Por qué? No lo sé, ¿Qué os sugiere a vosotros?

Tragasantos: ¡Oh, sí! Me encanta. ¿Quién no ha conocido al típico santurrón que va dando lecciones de moral? Un insulto contundente y preciso para poner los puntos sobre las íes.

Vidaperdurable: Vamos, que no se calla ni debajo del agua. ¿No os ha pasado alguna vez que el tiempo se detiene cuando estás con cierta persona, pero no es una sensación agradable? Minutos lentos mientras cuenta esa anécdota floja y absurda de nuevo, recreándose en los detalles. Un pesado, vaya.

Tragavirotes: Dice la RAE que es un hombre serio y erguido en demasía. O esta otra definición delaño 1611 en la que Sebastián de Covarrubias define este insulto en su libro “El Tesoro de la Lengua Castellana o Española” como “hombres muy derechos y muy severos, con una gravedad necia, que no les compete a su calidad”. En definitiva, el estirado de toda la vida. Pero diciéndolo con un je ne sais quoi más“apañado”.

Pisaverdes: Hombre presumido y afeminado, que no conoce más ocupación que la de acicalarse, perfumarse y andar vagando todo el día en busca de galanteos. Esta definición, así, tal cual, está un poco desfasada. Pero, ¿no creéis que es un insulto perfecto para cierta fauna que abunda en los platós de televisión pavoneándose?

Viceversa: Persona indecisa, veleta, contradictoria. Lo confieso, yo soy una viceversa (Y no, no tengo nada que ver con cierto programa de televisión, ¡ni siquiera penséis en eso, que este insulto vale mucho más!)

Tiralevitas: Persona aduladora. Es decir, un pelota capaz de estirar y arreglar la levita del superior para conseguir su favor. ¿Estáis pensando en algún compañero de trabajo? ¿Sí? ¿Soy capaz de leeros la mente? ¿No os apetece susurrarlo tras un sorbo de café al ver aparecer a cierto sujeto jactándose de su amistad con el jefe?

Huelegateras: Me encanta este insulto, es maravilloso. ¿Quién va oliendo los agujeros que los gatos utilizan los gatos para entrar y salir de las casas? ¡Sí! Una persona cotilla y entrometida, la vieja del visillo, el vecino que se aposenta en el banco de la calle y registra los movimientos de todos los portales. Otra muestra del arte del insulto.

Quitahipos: Persona que por su aspecto o fiereza causa espanto; sujeto malencarado y astroso que produce miedo, prevención o sorpresa grandes. Un tipo feo de narices, y pavoroso y que da susto. Alguien con quien no querrías encontrarte en un callejón oscuro. Aunque dudo que en ese caso te salga un: ¡Menudo quitahipos! No, no lo veo… Pero no digáis que no es un insulto que suena muy bien.

Cuerpoescombro: Hombre, si además de quitahipos, alguien es un cuerpoescombro, la naturaleza se ha lucido con él. Porque significa que es muy delgado, de pocas carnes. Otro insulto elegante y ocurrente, ¿no os parece? Ves a una amiguete por la calle y con una palmadita en el hombro le espetas: “¿qué pasa, cuerpoescombro?”.

Escornacabras: He aquí el mayor misterio de este artículo. Figura en un montón de listados como insulto, pero no he encontrado referencias sobre su uso, ni sobre lo que significa. ¿Queréis jugar? ¿Os atrevéis a proponer definiciones? Algún compañero ha sugerido que puede ser un sinónimo de cornudo o cabrón porque el arbusto llamado escornacabras parece tener cuernos. Yo soy de otra opinión y mi sugerencia es alguien temerario y demasiado audaz, capaz de hacer que una cabra se escuerne.

Habahelá: Me encanta. ¿Para qué sirve una haba helada? Para tirarla a la basura, ¿verdad? Alguien inútil, que no sirve para nada. ¡Sí! Aún tengo fe en la humanidad cuando leo estas muestras de creatividad. ¡Viva el arte del insulto!

Pataliebre: Persona que siempre se equivoca. Si se planea algo en grupo, siempre hay alguien al que se mira y todo el mundo reza para que esa vez no ocurra. Pero el karma existe. Ese amigo que todos sabemos es un pataliebre (la antítesis de una pata de conejo).

Cansalmas: Persona pesada que repite una y otra vez las mismas historias. ¿Qué mejor  acompañamiento para el anterior “vidaperdurable”? Ya sabéis, cuando os encontréis con alguien muy cansino, ampliad su vocabulario con un: “No me seas cansalmas, ni vidaperdurable”.

Hasta aquí mi artículo de vuelta al cole. ¿Os gustaría añadir o comentar alguna cosa? ¿Os atrevéis a proponer una definición a nuestro insulto misterioso: escornacabras? ¡Animaos y comentad!

Os confieso que estoy mucho más relajada después de escribir este artículo. El arte de insultar es terapeútico. ¡Os espero el próximo mes!

Por |2018-09-19T10:43:19+00:0019 septiembre, 2018|Ortografía y Gramática, Recursos Narrativos|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Nieves Muñoz
Nieves Muñoz nació un octubre de 1976 y desde siempre tuvo la necesidad de escribir, pero sus derroteros profesionales le llevaron a ejercer la enfermería en una unidad de cuidados intensivos pediátrica y neonatal. Comenzó escribiendo relatos cortos de varios géneros, porque es lectora de cualquier libro que caiga en sus manos y de mente inquieta, por lo que se atreve con casi cualquier cosa que pueda plasmar en un papel. En su página pueden leer parte de sus escritos.