Aliens y ciencia ficción: No digo que fueran los aliens

Los aliens nos han observado, se han infiltrado entre nosotros, a veces nos han ayudado — puede que incluso a construir las pirámides—, en otras ocasiones han abducido a nuestras vacas, han llegado a invadir la Tierra y, los más inteligentes, nos han ignorado. La ciencia no ha podido averiguar todavía si existe vida extraterrestre —inteligente o no—, ni si podríamos siquiera llegar a contactar con ella. Sin embargo, la literatura ha estado especulando acerca de este tema desde los albores de la civilización. ¿Por qué resulta tan fascinante la posibilidad de que no estemos solos en el universo? ¿Qué consecuencias podría traer para la humanidad descubrirlo o entrar en contacto con seres de otros planetas?

Aunque su intención no podía estar más alejada de la especulación en este sentido, Luciano de Samósata ya hablaba en sus Relatos Verídicos de los habitantes de la Luna, del Sol y de la Osa Mayor. Y probablemente lo hizo por el mismo motivo por el que Voltaire trajo a la Tierra a nuestro primer visitante interplanetario «oficial», Micromegas (1752): contar con una mirada ajena que nos ofrezca una perspectiva diferente acerca de quiénes somos, si es que eso es posible.

Aliens y ciencia ficción

Si bien no son exclusivos de esta —¿Quién no ha tenido noticias del entrañable Gurb de Eduardo Mendoza?—, la literatura de aliens por antonomasia ha sido siempre la de ciencia ficción.

AliensSeguramente, a la mayoría de nosotros, la primera obra al respecto que se nos venga a la cabeza sea La guerra de los mundos (1898) de H. G. Wells. Que el autor la escribiera durante el siglo de creación y expansión colonial del Imperio británico puede darnos alguna pista de lo que estaba reflejando en esta novela. ¿Quiénes serían entonces los marcianos y quiénes los humanos?

H. P. Lovecraft, por su parte, decidió enfocar el tema de una manera más trascendental y menos social, si bien podríamos englobar el ciclo de los Mitos de Cthulhu dentro, más bien, del terror. ¿Qué son los primigenios sino el reflejo de los temores más profundos del ser humano? Nuestra propia inmortalidad, nuestra insignificancia frente a la infinitud del cosmos, nuestra fragilidad. La posibilidad de caer en la locura al intentar asimilar todo aquello que existe más allá de lo que podemos comprender.

¿Y después? Llegaron más marcianos con Edgar Rice Burroughs y su serie de Barsoom; David Lindsay, con el que hicimos un —espiritual y filosófico— Viaje a Arturo (1920); u Olaf Stapledon, que colocó la piedra angular sobre la que se sostendrían los mundos de Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Robert A. Heinlein o Clifford D. Simak: Hacedor de estrellas (1937).

Parece que muchos, o prácticamente todos los grandes autores de ciencia ficción, han recurrido alguna vez a la figura del alien para contarnos algo que hubiera sido más complicado abordar de otra manera, y no siempre relacionado con los temas que podrían resultar más evidentes. Remito a La mano izquierda de la oscuridad (1969), en la que Ursula K. LeGuin pone sobre la mesa cuestiones referentes a los roles de género bastante inauditas hasta la fecha, pero muy en consonancia con los valores de la revolución sexual que tenía lugar en gran parte del mundo occidental en esa época.

Mensajes desde las estrellas

Sin embargo, en ocasiones ni siquiera es necesario que los aliens aparezcan; basta con que abandonen sus desperdicios en nuestro planeta, como en Stalker. Pícnic extraterrestre (1972) de Arkadi y Borís Strugatsky, o que envíen un mensaje desde Vega, como en Contacto (1985) de Carl Sagan, para que, tras elevar la vista al firmamento, la volvamos inmediatamente hacia nosotros mismos.

AliensTampoco llegamos a conocer a los trisolarianos en El problema de los tres cuerpos (2015), una especie que nos acecha, más que invadirnos, durante los tres libros que componen la trilogía de Cixin Liu y que, con su mera existencia, determinan el futuro de varias generaciones terrestres.

Los alienígenas, presentes o no, reales o imaginarios, se filtran por cada recoveco de nuestra mente a través de la literatura planteándonos interrogantes que no se nos ocurrirían por nosotros mismos, haciendo aflorar nuestros temores y poniendo de manifiesto nuestra naturaleza. Como si de Agentes de Dreamland (2017) se tratara, las historias de extraterrestres nos llevan adelante y atrás en el tiempo, a través de la locura, la belleza o la barbarie, la esperanza o la desesperación.

Así que no, en esta ocasión no diré que fueron los aliens, sino que los aliens somos nosotros.

           

Por |2018-12-03T10:23:40+00:003 diciembre, 2018|Ciencia y Literatura|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Gisela Baños
Gisela Baños (Madrid, 1981) es física teórica por la universidad de Leipzig y está realizando un máster en filosofía de la ciencia por la UNED. Amante de la ciencia ficción, ha quedado finalista en el I Premio Ripley, III Concurso de Relatos de Ciencia Ficción Homocrisis y ha recibido una mención de honor en el XIV Premio Galileo de Relatos de Ciencia y Tecnología de la UPCT. Actualmente trabaja como correctora y lectora editorial.