En el artículo anterior de nuestro autor del mes os hablábamos de las dificultades de juventud de Poe; hoy continuaremos contándoos anécdotas de Edgar Allan Poe.

Al llegar a casa de su tía Maria Clemm lo hizo sin dinero y sin familia, puesto que su padre adoptivo lo había repudiado. Fue por entonces cuando empezó a escribir de forma habitual relatos que se publicaban en varias revistas. Poco después, en 1836, con 27 años, se casó con su prima Virginia, ¡que solo tenía 13! Mantuvieron un noviazgo de tres años, con lo que un señor de 24 se veía con una chiquilla de 10. De nada sirvió que le dijeran varias veces que aquello era, cuando menos, indecoroso. Tras el matrimonio viajaron bastante; visitaron Nueva York, Filadelphia y regresaron a Nueva York.

Las cosas empezaban a irle bien: su matrimonio lo hacía feliz y su carrera literaria empezaba a despegar. Pero la vida puede ser muy cruel a veces, y a Poe debía tenerle bastante manía, porque Virginia contrajo tuberculosis y murió.

Las cosas nunca le salieron bien. Por ejemplo, estaba muy orgulloso de su célebre poema «El cuervo». Sin embargo, apenas le dio dinero. Estaba tan entusiasmado con él que lo publicó sin más en un periódico, sin caer en la cuenta de que de ese modo cualquiera podría reproducirlo y publicarlo. De hecho, hubo muchos que se forraron con él. Para cuando Poe sacó su propia edición, el poema había corrido tanto que casi nadie se interesó en comprarlo. Después de todo, el poema estaba basado en el cuervo que aparece en Barnaby Rudge, la obra de Charles Dickens. Poe había realizado una reseña sobre la obra en la que había indicado que el cuervo parlante debería haber tenido un papel de más peso en la novela.

No es de extrañar que su literatura fuera tan oscura cuando sabemos que fue educado en un cementerio. De hecho, aprendió a sumar y restar con los números de las lápidas para calcular los años a los que habían muertos unos u otros. Las clases de gimnasia eran aún más demoledoras: al empezar el colegio se le entregaba a cada alumno una pala; si moría algún miembro de la parroquia, los niños cavaban la tumba. Esa era su fórmula para hacer ejercicio vigorizante…

El mismo final de Edgar Allan Poe fue trágico: durante un viaje a Nueva York, en 1849, desapareció en Baltimore durante cinco días. Lo encontraron en la calle, frente a una taberna, borracho como una cuba e inconsciente. Ni siquiera tenía su traje, sino que iba vestido con la ropa vieja de otra persona. No se sabe muy bien qué ocurrió en los días que estuvo desaparecido, aunque parece que un grupo de matones lo emborrachó y lo hizo votar vez tras vez en las elecciones a la alcaldía. Se cree que semejante borrachera tal vez hizo que alguna enfermedad latente despertara. Lo ingresaron en el Hospital de la Universidad de Washington, donde estuvo durante dos días, en los que no paró de llamar a un tal Reynolds y estuvo pidiendo al doctor vez tras vez que le volara la cabeza. Al final, tras gritar «¡Que Dios ayude a mi pobre alma!», le dio un síncope y murió.

Hubo otras muchas anécdotas en la vida de Edgar Allan Poe. Os las contaremos en el último artículo de esta serie.