Últimamente he leído dos obras muy diferentes; Armada, de Ernest Cline, y La Gracia de los Reyes, de Ken Liu. Y curiosamente, aunque debo reconocer que Ken Liu escribe de manera extraordinaria, su libro me aburrió hasta el punto de dejarlo a la mitad. Armada, sin embargo, dentro de su prosa simple y su trama más que previsible, me enganchó de mala manera. Eso me hizo darme cuenta que estamos viviendo un cambio en las influencias y que la nostalgia está dejando (por fin) los años 70 para moverse hacia los 80. Mi década.

La nostalgia está en las referencias

Aunque es evidente que el factor estético es importante, sobretodo en un medio audiovisual (y sí, luego hablaré de Stranger Things), en una novela lo que realmente es capaz de despertar la nostalgia del lector son las referencias a todas aquellas cosas que son (o fueron) significativas de la época.

NostalgiaLas referencias son un arma de doble filo al dirigirse a un público determinado. Si el lector forma parte de ese público, probablemente le gustará la referencia. De lo contrario, puede que le pase inadvertida o, simplemente, se pierda algún dato importante. Básicamente, si tenemos que explicar el chiste, este pierde la gracia.

En mi caso, Armada está llena de referencias a un mundo que conozco bien; los videojuegos. No pude evitar sonreír cuando leí que una de las canciones de la lista de reproducción del protagonista para jugar al videojuego que da nombre a la novela, un simulador de vuelo, es One Vision, de Queen. Y me reí como un loco en el momento «Leeroy Jenkins». Pero entiendo que no todo el mundo sepa quién es Leeroy Jenkins.

Spotify, el gran amigo del autor

Ya no es tan raro encontrar autores que comparten con sus lectores listas de reproducción en Spotify que les han servido de inspiración a la hora de escribir. David B. Gil, autor de «Hijos del Dios Binario», comparte su lista. Juan Cuadra, autor de «El libro de Ivo» y «El libro de Sombra», que forman parte de la saga «La Ciudad», comparte no sólo sus listas, sino también una guía de en qué momento poner cada canción.

Ernest Cline va un paso más allá: No sólo utiliza canciones sumamente populares, sino que las utiliza activamente en las escenas. Cuando el protagonista pilota su nave al ritmo de «Another one bites de dust», tener esa canción sonando de fondo le da un grado más de intensidad a la narración. Y lo más interesante de todo es que la lista de canciones de esa playlist de Spotify está al final del libro.

Utilizar referencias musicales no es nuevo, por supuesto. Murakami suele hacerlo en sus novelas, por ejemplo. Lo que me llamó la atención con Armada es que, por fin, las canciones referenciales dejaban de ser de los 60 o 70. No deja de ser natural, esas canciones eran las que había formado parte de una generación de escritores. La nueva generación creció con otras canciones y referencias. Muchas de las cuales puedo reconocer y con las que me siento identificado. Lo siento por los Beatles o el jazz, pero mi corazón late al ritmo de Queen, Scorpions y tantos otros. Para mí, eso es la nostalgia.

Si os queréis deleitar, os dejo aquí la lista de Armada; Ride the Arcades

De vuelta a los ’80

NostalgiaEl éxito de Cline con Ready Player One o Armada, el bombazo que está suponiendo Stranger Things y, por qué no decirlo, la expectativas que J. J. Abrams creó alrededor de Super 8 y que luego se fueron al traste, nos indican que hay una generación de autores y lectores que empiezan a sentir nostalgia por los años en los que crecieron, por la música y el cine de su infancia y juventud. Hace diez años habría sido impensable invocar el espíritu de los ’80 pero ahora… Ahora los que crecimos en esa época estamos camino a los cuarenta. Recordamos con cariño aquellos juegos, aquellas tardes de dungeons, aquellas películas que veíamos una y otra vez. No, no queremos remakes. Nada superará el recuerdo que tenemos de aquel entonces. Pero sí queremos obras nuevas con ese espíritu.