Una persona dedicada a la corrección profesional de textos debe desarrollar competencias que transcienden la lingüística: enciclopédicas, comunicativas, editoriales, etc. Jamás se puede reducir este trabajo a un mero «leer con atención». Las actitudes y aptitudes que debe desarrollar esta persona van más allá de la lectura realizada con minuciosidad. Y para eso es indispensable que maneje una gran variedad de diccionarios y corpus lingüísticos. Aunque también existen infinitud de recursos informáticos –y no podemos olvidar las gramáticas–, son piezas fundamentales en esta profesión.

A veces se publican bajo el título de “diccionario” obras que realmente no lo son. Y esto se debe a la idea de prestigio y carácter normativo asociada al término. Pero si nos queremos dedicar a la corrección profesional, debemos saber cuáles son los diccionarios que más nos interesan. Y, mientras sea posible, aprender a rastrear en corpus lingüísticos con los que la lexicografía trabaja para construirlos.

Los diccionarios: la RAE y su incansable trabajo lexicográfico

El diccionario es un instrumento de consulta, por lo que requiere una norma, que es más restringida que el sistema de una lengua. El diccionario refleja la norma, aquella que más se ha asimilado socialmente. Y es por eso que no recoge todas las voces.

Corrección ProfesionalCuando hablamos de los diccionarios, es frecuente pensar en el Diccionario de la lengua española de la RAE. Debemos admitir que esta obra supone todavía la norma de mayor prestigio en el mundo de habla hispana. Sin embargo, aunque se ha arrogado a sí misma ese poder y los profesionales de las letras reconocemos la obra como la de mayor autoridad lingüística, no es la única. Incluso podemos hablar de reconocidos especialistas que contradicen su carácter preceptivo. José Martínez de Sousa, por ejemplo, defiende la heterografía: la superación de las normas ortográficas de la RAE, cuando a juicio de quien escribe, estas están obsoletas o son contradictorias. Y Gabriel García Márquez ya habló en 1997 de jubilar la ortografía, “terror del ser humano desde la cuna”.

Quizás es conveniente señalar que la RAE posee otros útiles diccionarios. El que más, quizás sea el Diccionario panhispánico de dudas. A través de sintetizados artículos, ofrece respuesta a las cuestiones más problemáticas de uso del español actual: queísmo, laísmo, preposiciones, conjunciones… Junto a este, están el histórico, el de americanismos, el del español jurídico, etc. Cada uno con su función y todos con sus buscadores operativos desde la página web de la RAE. Incluso podemos utilizar su Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española para buscar la primera vez que una palabra en concreto fue recogida en un diccionario. Pero cabe preguntarnos, ¿qué hay más allá de la RAE?

Los diccionarios: más allá de la RAE

Existen diccionarios onomasiológicos, que no parten de la expresión para llegar al contenido como es habitual, sino que hacen el camino inverso: parten del significado para llegar a la expresión. Una de las primeras obras que presentó nuestro vocabulario de esta forma fue el Diccionario ideológico de la lengua española de Julio Casares. Sin embargo, cuando se que combina lo lingüístico con lo extralingüístico, surgen diccionarios enciclopédicos como El Pequeño Larousse ilustrado. Estas notables ampliaciones hacen que la obra funcione como diccionario y como enciclopedia.

Corrección ProfesionalSi miramos el público al que van dirigido, podemos encontrar diccionarios escolares como los tan conocidos de la editorial VOX. Otra editorial cuyos diccionarios escolares están a la orden del día son los de SM. Pero quizás sea más interesante su Diccionario Clave: recoge las expresiones y los términos vivos y de uso diario.

Pero hay dos diccionarios que, a mi juicio, complementan y amplían de forma determinante la corrección profesional: el Diccionario de uso de las preposiciones españoles de Emile Slager y el Diccionario de uso del español de María Moliner. El primero, porque incide en una de las cuestiones que, por su ambigüedad, más inseguridades crea entre hablantes. El segundo porque está centrado en el uso, no en la norma. Pero el de Moliner, además de ser un diccionario alfabético, es un diccionario ideológico muy útil a la hora de proporcionar sinónimos.

Es posible que exista un diccionario para cada cuestión del español: desde neologismos a términos navales, desde la botánica a los extranjerismos. Bilingües, multilingües, técnicos, especializados, etimológicos, tipográficos… Sobra decir que una persona dedicada a la corrección profesional debe aspirar a conocerlos todos.

Los corpus lingüísticos: ¿y esto me sirve en la corrección profesional?

Rebuscar en los corpus lingüísticos que se han utilizado en la elaboración de trabajos lexicográficos es tan importante como saber leer un diccionario. Los tres corpus más conocidos, de nuevo, son bancos de datos que ha abierto la Real Academia Española: el CORDE, el CREA y –aunque en menor medida por su reciente apertura– el CORPES XXI. También es interesante el Corpus del Diccionario Histórico, pero con esos tres tenemos gran parte del camino hecha.

El CORDE es el corpus textual de todas las épocas y lugares en que se habló español hasta 1974. Del corpus desde 1974 en adelante, se encarga el CREA. El CORDE está diseñado para extraer información con la cual estudiar las palabras y sus significados, así como la gramática y su uso a través del tiempo. Saber manejar este banco de datos que se encuentra en la red es muy útil para la corrección profesional. Imagina que estás corrigiendo una novela histórica ambientada en el siglo XVI y un personaje dice la palabra “bacteria”. Tu alarma lingüística se activa y te preguntas si en el siglo XVI se tenía ya constancia de lo que era una bacteria. El CORDE te ayudará a solucionar ese tipo de dudas.

El CREA, al estar centrado entre los años 1974 y 2004, no es un corpus diacrónico. A cambio ofrece información mucho más exhaustiva e incluye textos orales procedentes de la radio y la televisión. Otro ejemplo práctico: novela ambientada en los 70, discusión en la barra de un bar. De repente, alguien menciona una palabra: sororidad. ¿Este término ya estaba extendido en los años 70 o es de nueva creación?

El CORPES XXI, mientras tanto, está centrado en nuestro siglo y es una herramienta que todavía está en construcción. A pesar de ello, nos da muchas pistas sobre el español que viene. Podemos medir relativamente la aceptación que están teniendo novedades ortográficas: ¿se está prescindiendo del acento ortográfico en palabras como “guion”?, ¿se escribe más “merchandising” o “mercadotecnia”?, ¿y usamos más “rali” o “rally”?

Estas y muchas otras herramientas las trabajaremos con asiduidad en el curso de corrección profesional que comenzamos el mes que viene en Caja de Letras. Es tan solo una breve invitación a que os familiaricéis con algunas de las fuentes que más frecuento para solucionar mis dudas lingüísticas. Y no hemos dicho nada de las gramáticas, pero eso ya queda para otra ocasión.