Cuatro falsos mitos sobre la literatura clásica

¡Hay que leer los clásicos! Seguro que has escuchado esta frase en más de una ocasión, probablemente de boca de algún profesor de colegio o instituto. Sí, ese que parecía tener un ataque de ansiedad cada vez que te veía “perdiendo el tiempo” con alguna novela de ciencia ficción o fantasía. Si te sientes identificado con la situación que acabo de describir, quizá la literatura clásica no sea precisamente el tipo de lectura que más te emociona. Entonces, ¿para qué molestarse?

Vamos a dejar una cosa clara: cada cual es libre de leer lo que le dé la gana, y punto. Pero lo cierto es que mucha gente tiene una impresión muy equivocada de lo que es la literatura clásica. En gran parte, esto se debe a la forma tan incorrecta que tenemos de enseñarla en nuestras escuelas; pero también ocurre que hay prejuicios muy extendidos respecto de los clásicos literarios que, cuando los evaluamos de cerca, resultan completamente erróneos. Y es una verdadera lástima que haya gente perdiéndose estas lecturas, que bien podrían encantarles, por culpa de unas ideas preconcebidas equivocadas. Hoy quiero hablaros de cuatro mitos muy extendidos, pero totalmente falsos, sobre la literatura clásica.

“La literatura clásica es elitista”

¿Qué piensas si te hablo de literatura clásica? Lo primero que se te suele venir a la cabeza es que un clásico es un libro antiguo. Y, ¿sabes que es lo bueno de los libros antiguos? Que están en todas partes. Y gratis.

¿Hay biblioteca pública en tu pueblo? Pues seguro que está atestada de literatura clásica. ¿Tienes conexión a internet? Pues basta con poner en google el nombre de la obra que te interese: con suerte, encontrarás muchas formas de descargarla de forma legal y gratuita.

¿Prefieres tener algo que puedas poner en tu estantería? Por menos de diez euros puedes encontrar buenos libros clásicos de bolsillo la librería de tu barrio. Y, si te van los ebooks, algunas páginas como Amazon ofrecen servicios “tipo netflix”: pagas una cantidad todos los meses y lees todo lo que quieras dentro de la oferta de dicho servicio. Muchos sellos de literatura clásica, como Alba clásica, participan en estas ofertas, geniales para los lectores más ávidos.

Se suele decir que la literatura clásica es para las élites: nos imaginamos a los lectores de clásicos como una panda de aburguesados leyendo en un sillón de cuero mientras fuman de pipa. En realidad, en los tiempos en que vivimos la literatura clásica es la que más accesible tienen las personas con pocos medios. No todo el mundo tiene veinte euros a mano para comprarse el último best-seller estadounidense de moda, pero no hace falta ni un solo céntimo para poder leerse el Lazarillo de Tormes. La literatura contemporánea funciona como una industria de mercado capitalista, al alcance solo de quien pueda pagarla; en cambio, la literatura clásica se pone a disposición de todo el mundo, independientemente de su posición económica y social.

“Los autores clásicos son siempre hombres y blancos”

Hoy en día la gente joven está muy comprometida con promover la diversidad literaria. Es decir, impulsar las lecturas de escritores que pertenezcan a grupos o minorías desfavorecidas. Y, claro, esto no casa con la imagen que mucha gente tiene de los autores clásicos: una colección de señores mayores, occidentales y con cara de pocos amigos. Pero lo cierto es que esta imagen no podía ser más errónea. Para empezar, resulta que muchas de las novelas más importantes de la historia fueron escritas por mujeres. Podemos citar a Jane Austen, Emilia Pardo Bazán o Murasaki Shikibu como algunas de las más destacadas, y eso solo como aperitivo.Literatura clásica

Y es que los clásicos le dan la vuelta al mundo. La literatura clásica no es solo el canon occidental: se compone de las obras más importantes de todas las culturas del planeta. Podemos hacer mención a Sueño en el pabellón rojo, clásico chino considerado como una de las novelas más psicológicamente profundas jamás escritas; o a Pedro Páramo, Cien años de soledad y los grandes exponentes del realismo mágico latinoamericano. Podemos hablar de Chinua Achebe, Wole Soyinka y otros esenciales autores que jugaron un papel esencial en la literatura africana recientes.

Revindicar estas obras ayuda a desmentir el mito de que la historia de la literatura fue forjada por hombres occidentales. En cambio, ignorarlas significa tapar con una manta el trabajo de siglos que realizaron todas estas personas. No se puede hablar de diversidad literaria sin mencionar la literatura clásica: sería como intentar hacer una pizza sin saber montar la masa.

“La literatura clásica no conecta con los problemas sociales actuales”

Este es uno de los prejuicios más típicos cuando se ha leído poca literatura clásica. Como hemos visto antes, leer clásicos implica viajar en el tiempo y el espacio: son, después de todo, libros escritos por personas que vivieron en otra época y en otro lugar. Pensemos en el León Tolstói: evidentemente, los valores sociales de un hombre que vivió en la Rusia de los zares no pueden ser los mismos que los de un joven español del siglo XXI. Pero eso no quiere decir que no podamos entender sus historias.Literatura clásica

Ana Karenina, una de las obras más famosas de Tolstói, narra la vida de una mujer que decide engañar a su marido y huir con un amante. A primera vista, es otra típica novela romántica; pero, más allá de eso, es una gran disección de la sociedad de la época (la Iglesia Ortodoxa rusa no permitía el divorcio). A Ana la tachan de fulana y malvada por engañar a su marido; sin embargo, de los muchos hombres que aparecen en la novela engañan a sus esposas, y a ellos nadie les juzga. Ana debe elegir entre huir y ser feliz con alguien a quien quiere, o ser miserable para evitar que la sociedad la repudie. En definitiva, es una historia del conflicto entre los deseos personales y las expectativas que la sociedad nos impone.

Este tipo de historia es atemporal porque muchas personas pueden identificarse con ella. Pero no hace falta haber vivido en la Rusia decimonónica para comprender lo que duele renunciar a tu felicidad para cumplir con lo que la sociedad espera de ti. Eso es lo que de verdad define a un clásico: un libro que cuenta algo con lo que cualquier persona se puede identificar, sin importar el tiempo y el lugar.

“Los libros clásicos son enormes, no tengo tiempo para leerlos”

Suele decirse que las novelas grandes espantan a los lectores. Resulta algo difícil de creer cuando muchos de los géneros más vendidos son conocidos por sus sagas interminables de volúmenes enormes: la fantasía épica, la ficción histórica… y es que, al final, hay lectores para todo.

De la misma forma, la literatura clásica es tan variada como la contemporánea. Fijémonos en las obras que hemos citado a lo largo del artículo: algunas, como Pedro Páramo, son libritos cortísimos que se leen en una tarde; mientras que otras, como Sueño en el pabellón rojo, son obras titánicas que requieren de un esfuerzo lector más importante. Hay de todo, y para todos los gustos. Y no olvidemos que existe literatura más allá de la narrativa: una colección de poemas puede ser una lectura más rápida y amena que una novela de cientos de páginas.

Lo que sí importa es fijarse bien en qué edición estamos adquiriendo. Si queremos leer un libro muy antiguo, lo mejor es buscar una edición que lo adapte al castellano más contemporáneo. He conocido a mucha gente que ha sido incapaz de leerse el Quijoteporque tropezaron con adaptaciones de mala calidad, que transformaban el texto en un caos ilegible. De igual forma, hay que tener cuidado con las traducciones: una buena traducción es garantía segura de una literatura entretenida y placentera. Por suerte, hoy en día basta con mirar las reseñas online de un libro para conocer las opiniones de sus lectores e informarnos sobre todos estos aspectos.

Para terminar

He dicho antes y vuelvo a repetir que cual es libre de leer lo que quiera. Pero justamente por eso no debemos dejarnos guiar por prejuicios, engaños y afirmaciones poco informadas. No se trata de que los clásicos tengan que gustarte porque sí, pero tampoco hay motivo alguno para que te produzcan miedo o rechazo. No hace falta ser catedrático de filología ni presentar una tesis doctoral para pasar un buen rato leyendo una obra clásica.

Nadie escribe a gusto de todos: puedes leerte un clásico y que se convierta en uno de tus libros favoritos, o puedes odiarlo y querer tirarlo a la basura. Lo que está claro es que para descubrirlo te lo tienes que leer.

¡Muchas gracias por leerme, y nos vemos el próximo mes!

Por |2019-01-09T09:38:16+00:009 enero, 2019|Disección Literaria|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Pablo José Terol Orozco
Pablo José Terol Orozco nació en Cádiz en 1993 y ha vivido entre libros desde que tiene memoria. Se graduó en Derecho por la Universidad Pablo de Olavide, especializándose en la rama del Derecho Constitucional. Aunque su carrera profesional le haya llevado en una dirección distinta, nunca ha abandonado su amor por la literatura en todas sus formas y géneros. Ha publicado varias historias en colaboración con diversos editoriales, blogs y otras entidades, y obtuvo el 2º puesto en el certamen literario Premius Interius, convocado por Triskel Ediciones.