Si alguna vez hubo un escritor al que se le pudiera calificar como el creador de la imagen de autor atormentado, de vida difícil y hasta dramática, ese honor le corresponde, sin duda, a Edgar Allan Poe. A día de hoy, Poe es un autor reconocido, hay incluso botellas de cerveza que incluyen su silueta, pero la realidad es que en vida no fue así. Murió sin dinero y prácticamente sin reconocimiento en su propio país.

Edgar Allan Poe fue el padre del relato moderno, en especial del relato de terror, capaz de construir ambientaciones terroríficas; su trabajo despejó el camino para la generación que vendría más tarde, con Lovecraft a la cabeza.

Poe quedó huérfano cuando tenía solo tres años. Lo criaron y educaron John y Frances Allan, una pareja pudiente de Richmond; curiosamente, nunca lo adoptaron. El motivo para ello dice mucho del escaso amor que sin duda le profería el cabeza de la familia: Edgar provenía de una familia de actores y John no podía permitir que algo así manchara su árbol genealógico. A pesar de todo, Edgar heredó su segundo nombre, Allan, de esta familia.

Afecto no fue lo único que le faltó al bueno de Poe; la otra gran carencia de su vida fue el dinero. Durante su corta vida tuvo que mendigar en más de una ocasión. Cuando estudiaba en la Universidad de Virginia, intentando satisfacer sus necesidades, entre las que ya figuraban grandes dosis de alcohol, acumuló unas deudas alarmantes. Ocurrió lo mismo cuando ingresó en West Point, la famosa academia militar, en 1830. Su comportamiento y conducta eran tales que suponían una deshonra para el gobierno. La mayor parte de su tiempo lo pasaba bebiendo, o aún peor, ideando cualquier locura con la que pudieran expulsarlo de la academia; desobedecía las órdenes, faltaba a la instrucción… Finalmente lo logró en 1831, cuando se le juzgó en un conejo de guerra por incumplimiento flagrante del deber. Edgar Allan Poe ha sido, hasta la fecha, el único gran autor estadounidense que fue aceptado en la prestigiosa academia; también tiene el dudoso honor de ser el único expulsado de ella. Y es que Poe era un borracho, el típico alcoholizado que se hunde a las primeras de cambio. Un compañero de sus tiempos universitarios comentó que «su pasión por la bebida era tan poderosa y peculiar como la que tenía por las cartas». Un solo vaso era capaz de dejarlo fuera de combate, muy probablemente debido a que era de complexión débil y de frágil constitución. Todos esos desmanes acabaron por acogotar a John Allan, que lo repudió jurando que lo haría detener si llegaba a aparecer de nuevo por su casa.

Así fue como terminó acudiendo a casa de su tía Maria Clemm, lo que daría paso a la que, probablemente, fuera la época más feliz de su vida. Os hablaremos de ella en el próximo artículo de nuestro autor del mes.