“El Club de la Lucha”: De la literatura al cine

Obra maestra del cine incomprendida en su momento:

“El club de la lucha”, dirigida por David Fincher es una película estrenada en 1999. La película contó con un presupuesto relativamente alto para la época (63 millones de dólares), siendo un fracaso en los EEUU, recaudando apenas 37 millones de dólares y cosechando malas críticas que a pesar de alabar la factura técnica de la película tacharon de fascista el contenido de la misma. Sin embargo, a los pocos años de su edición en DVD, al película fue poco a poco adquiriendo un estatus de culto que la sitúan entre las mejores películas estrenadas comercialmente durante el final del siglo XX. La película está basada en la polémica novela de Chuck Palaniuk.

Crítica destructiva

El cine de David Fincher se caracterizó desde sus inicios (obviando su fallido debut fruto de una producción caótica, “Alien 3”) por un personal estilo a la hora de contar historias, tan cercano al virtuosismo con la cámara de Brian De Palma como al estilo videoclipero pasado por un filtro cien por cien cinematográfico los videoclips de la MTV y, especialmente, los prestigiosísimos spots publicitarios que Fincher realizaría previamente a su obra cinematográfica (inolvidable su campaña anti-tabaco con un feto fumando).

"El Club de la Lucha"“Seven”, “The Game” o “El club de la lucha” forman de esta forma tres oscuras parábolas sobre los entresijos del alma humana en la sociedad moderna. El estilo de todas estas grandes películas es más sucio e inquieto que la etapa más sobria, cerebral aunque igualmente elegante que inició años después con su obra más personal hasta la fecha, “Zodiac”. “El club de la lucha” trata con enorme transgresión algo que pocos cineastas habían conseguido condensar con tanta intensidad desde que Stanley Kubrick dirigiese “La naranja mecánica”: la profunda desilusión y nihilismo del ciudadano medio. La película presenta a un hombre sin nombre, el narrador (inolvidable Edward Norton), un hombre gris en un mundo gris, aquejado de insomnio que un día conoce a un vendedor de jabones (Tyler Durden, imposible desligarlo de la imagen y el carisma de Brad Pitt) que le abre su mente a todo un mundo de anarquía, cambiando los clubs de ayuda a enfermos terminales a los cuales el narrador es un adicto por un grupo terrorista que se cita para pelear en peligrosas citas clandestias: el club de la lucha.

La película muestra más que esconde una furia descontrolada contra todo (las referencias al materialismo, las necesidades absurdas que la sociedad no hace vivir, el puritarismo, las consecuencias del sistema capitalista, el vacío existencial gestado durante décadas por la falta de ideales), donde fotogramas subliminales de películas porno son insertados en películas de Disney (exactamente la misma forma en que vemos a Durden antes de ser introducido en la historia por el realizador de “La habitación de el pánico”), donde el narrador siente la necesidad de destruir algo bello (caso de su inclusión en las peleas del club que da título a la película, en una de las numerosas referencias homosexuales de la película) y donde un grupo de anarquistas hartos de sus rutinas son capaces de sembrar el caos de la misma forma que los protagonistas de “La ola” (de Dennis Gansel) nos demostraron que reinstaurar el nazismo en apenas una semana era posible. La película despierta dudas como si lo que vemos está ocurriendo en la realidad o simplemente es todo una proyección del nietzschiano narrador de la película.

El libro y la película

La película es una libre adaptación de la obra “El club de la lucha” del siempre polémico Chuck Palahniuk, donde David Ficher, a través de su guionista, Jim Uhls, introduce importantes y siempre interesantes cambios respecto a su original literario. Tyler Durden es un personaje aún más oscuro en la novela que en la película, siendo el asesinato algo básico dentro del club fundado por él (el llamado “Proyecto Mayhem”). En el libro, después de que Tyler y la misteriosa Marla sostienen su primer encuentro sexual, ella le dice: “quisiera tener un aborto tuyo”. En el filme, esta línea fue cambiada por: “no me habían follado así desde la primaria”. El plan final de Tyler difiere marcadamente entre la novela y el filme. En el texto original, Tyler planea colapsar un edificio sobre un museo y morir como un mártir. En el filme, la finalidad es colapsar el sistema crediticio norteamericano y vivir para contarlo. La cinta concluye con la épica destrucción de múltiples edificios mientras el narrador y Marla observan la escena. Por otro lado, la novela termina con el narrador recluido en una institución mental. Existen teorías que aseguran que, quien protagoniza este último capítulo, es Tyler y no el narrador; dando a entender que el personaje principal no logró librarse del todo de su doble personalidad y que Tyler sólo se encuentra recuperándose para resurgir de las cenizas.

Todo ello hacen de “El club de la lucha” un film rebelde, contestatario, subversivo e ideológicamente polémico (anarquista para unos, fascista para otros).

Chuck Palahniuk y el cine

Siempre inteligente (al igual que todo el cine de David Fincher), la prosa de Palahniuk se basa en un lenguaje minimalista y en la repetición dispersa de algunas frases a lo largo de toda su obra (algo que el autor de “Nana” llama “estribillos”). De momento, “El club de la lucha” y “Asfixia” (dirigida en 2008 por Clark Gregg), son las dos adaptaciones más sonadas de una obra literaria siempre cercana a la sátira social y emparentada con la del también provocador Breat Easton Ellis. Esperemos que maravillas como “Monstruos invisibles” o “Superviviente” sean adaptadas algún día con el toque alucinógeno y siempre lúcido que David Fincher supo otorgarle a “El club de la lucha”.

Fragmento de “El Club de la Lucha”

Por |2018-07-16T09:22:55+00:0016 julio, 2018|De la Literatura al Cine|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Ainhoa Uri
Ainhoa Urgoitia nació en 1976 y, aunque estudió derecho, desde siempre tuvo la necesidad de contar historias y su pasión por el cine se convirtió en su profesión. Comenzó escribiendo cortos, trabajando en diversos campos del audiovisual como fotografía, vídeo, videoclips hasta formar su propia productora y actualmente se haya inmersa en su primer largo documental que aborda el tema del éxito y el fracaso. Ha sido jurado en diferentes festivales de cortos y programadora del Festival Zinegoak. Escribe en varias revistas digitales como UndergroundLab critica cinematográfica.