“Escribe sobre lo que conoces” es una frase que se escucha mucho en los talleres de narrativa.  Pero es una máxima controvertida, en especial al escribir literatura fantástica; nunca falta un alumno que señale que no se puede escribir sobre un parto si nunca has visto (o vivido) uno, o que nunca podrá ver cómo vuelan los dragones. Y así con muchísimas experiencias vitales que probablemente los escritores nunca conocerán.

No se trata de conocerlo todo, damos por sentado que eso es totalmente imposible;  y también innecesario. Es indudable que un escritor debe intentar ampliar sus horizontes y tener una mente abierta, pero ante todo debe tener imaginación y, lo que es más importante, la facultad de extrapolar.

Ser escritor es poner en marcha a partes iguales nuestra capacidad para observar lo que nos rodea y transformarlo en lo que la historia necesita. Para la literatura fantástica, transformar la realidad es imprescindible, y no podemos transformar lo que no conocemos. No se puede inventar de la nada. Cuando se habla de lo que no se domina, incluso cuando se pasa a través del tamiz de la invención, el resultado es una historia que deja un regusto artificial, falso, en el lector, y lo que se pretende es todo lo contrario; la fantasía atrapa cuando el resultado es tan vívido que casi se puede sentir, cuando el conjunto es armónico, lógico y creíble.  La magia suele tener reglas, elementos indispensables sin los cuales no funciona; en ese punto se parece mucho a la ciencia. El trabajo del escritor de fantástica consiste en encontrar unas reglas que funcionen dentro de la historia que pretender contar.

Así que no dudes en extraer recursos de nuestro mundo: civilizaciones extintas, mitologías, culturas exóticas… son una excelente materia prima. Nuestro simple día a día puede servirnos si aplicamos la vieja regla del “¿Qué pasaría sí?”: ¿Qué pasaría si viviese en un mundo donde la atmósfera fuese mortal para los seres humanos? ¿Qué ocurriría si todas las tareas pesadas las hiciesen androides? ¿Cómo viviríamos si la magia fuese real?

Se trata de plantar semillas de realidad y hacer  que crezcan de un modo inesperado y sorprendente.