¡Voy a presentarme a un certamen de relato! Este es el primer paso de muchos escritores y escritoras en ciernes: envías una historia corta a un concurso o una revista con la esperanza de ganar un premio, ser publicado y, así, empezar tu carrera literaria. Solo necesitas una idea que no ocupe más de seis mil palabras. Así que te pones a escribir, van pasando las horas… y, cuando miras el contador, te has pasado por mil quinientas. Pero, ¿cómo podemos contar una historia completa y satisfactoria en un espacio tan limitado? Para ayudaros a superar estas situaciones, os pondré como ejemplo a uno de los mejores cuentistas de la historia: Roald Dahl.

relatoEn 1945 Dahl publicó un relato corto titulado “La cata”. Cuenta la historia de una apuesta, protagonizada por el corredor de bolsa Mike Schofield y el gastrónomo Richard Pratt. Richard es un amante del vino que asegura ser capaz de adivinar la procedencia de cualquier vino solo con probarlo; Mike, por su parte, jura ser capaz de servir un licor que Richard jamás será capaz de identificar. Y, si lo consigue, Mike promete cualquier cosa que pida. Con esta sencilla premisa Dahl cuenta una genial historia que no llega a las cinco mil palabras en su traducción (según nos confirma la editorial). Y, a su vez, nos deja tres valiosísimas lecciones sobre la narrativa en formato corto.

El relato está disponible en castellano en una preciosa edición ilustrada por Nórdica Libros. Os recomiendo encarecidamente su lectura, tanto por su calidad como para aprovechar mejor este artículo.

Primera lección: ve al grano

Su propio nombre lo dice: el secreto más importante de la narrativa breve consiste, precisamente, en no enrollarse. Suena redundante, pero lo cierto es que el relato corto es el arte de la mesura. Para que una historia funcione en un espacio limitado, el primer paso consiste en reducirla a sus elementos más esenciales.

RelatoRoald Dahl es consciente de esto en todo momento. El escenario de “La cata” es el rico caserón de Mike Schofield, pero Dahl solo nos describirá, y de forma resumida, una única habitación de esa casa: el salón donde los invitados de Mike se reúnen a cenar y en el cual se celebrará la apuesta. Seis personas comparten esa cena, pero solo Richard y Mike reciben la atención del autor, y son descritos física y psicológicamente. A eso es a lo que nos referimos al hablar de mesura: no distraerse con nada que no sea relevante para la trama. La historia se centra en la apuesta entre Mike y Richard, y el enfrentamiento que ambos escenifican. Es importante que esos personajes y sus dinámicas queden bien establecidas, pero no hace falta darle la misma atención a todos los invitados y sirvientes que pasan por ese salón.

Es fácil que nos enamoremos de nuestra historia y queramos describirla al detalle, pero hay que saber adaptarse. Además, así el relato se convierte en la herramienta perfecta para trabajar nuestro estilo. Está bien que nuestra prosa sea elaborada, pero ¿de verdad necesitas tres metáforas distintas para describir a un solo personaje? Mejor elige una o dos características que quieras resaltar y muéstralas con algún recurso original. La literatura es comunicación, y el mejor comunicador es el que sabe transmitir mucho diciendo poco.

Segunda lección: el valor del narrador testigo

En principio, el personaje más importante de una historia es su protagonista. Ahora bien, nadie ha dicho que protagonista y narrador tengan que ser la misma persona. “La cata” está contada desde el punto de vista de uno de los amigos cercanos de Mike que acude a la cena y presencia todo el encuentro. Sin embargo, de este narrador Dahl no nos dice ni su nombre.

Esto es lo que llamamos un “narrador testigo”: alguien que no tiene nada que ver con los hechos que componen la trama y que simplemente los presencia, puede que hasta por casualidad. Puede parecer un truco barato: te quitas de encima a un personaje y ya no tienes que desarrollarlo ni describirlo. En realidad, cumple una función mucho más importante: la neutralidad de la narración.

Muchas historias se basan en un conflicto, un choque entre dos personas o bandos con intereses propios. Cada parte tiene su propia visión de los hechos, que siempre será sesgada, incompleta. El lector necesita conocer ambas versiones de la realidad para tener la historia completa, y ahí es donde entra el narrador testigo. La trama de “La cata” se revela al lector sin reservas porque el narrador no influye en los hechos ni su desenlace. Al amigo de Mike le da igual quién gane la apuesta. Mike, por su parte, es una persona con sus fallos y sus prejuicios, al igual que Richard; ninguno de los dos podría contar esta historia de forma fiable porque ambos tienen intereses personales y reservas frente al otro. Solo el narrador testigo puede ser verdaderamente honesto, y mostrar al lector las luces y las sombras de los protagonistas del cuento.

Tercera lección: la causalidad como hilo del relato

Las prisas son las peores enemigas de todo autor, y más aún si se trata de escribir un relato. Vemos que nos quedamos sin palabras, que se acerca la fecha límite del certamen, y empezamos a correr. Lanzamos una escena detrás de otra sin preocuparnos de cómo se conectan entre sí, y eso lo echa todo a perder. En un relato breve es muy fácil darse cuenta de los agujeros que pueda tener la trama, y los lectores son exigentes.

relatoPara que todo quede bien atado hay que cuidar la relación de causalidad entre los hechos. Eso quiere decir que nada puede ocurrir sin motivo: todo tiene su explicación. ¿Por qué Richard y Mike deciden montar una apuesta tan exagerada por una tonta cata de vinos? Bueno, durante la cena vemos que Richard se muestra muy interesado por la joven hija de Mike. En cuanto a Mike, el autor lo presenta como un corredor de bolsa, alguien que ha ganado una fortuna jugándoselo todo a la carta más arriesgada. Estos detalles, aunque pequeños, son los que les dan contorno a los personajes y justifican sus acciones inverosímiles. Richard desea poner a Mike en una posición en la que tenga que concederle cualquier cosa que le pida; Mike, por su parte, no puede resistirse a la tentación del riesgo, está en su naturaleza. La premisa del relato puede parecer una locura, pero hay una causalidad que la justifica.

Esas son las tres grandes lecciones que nos dejó el genial Roald Dahl. “In art, the best is the standard”, dijo Ursula K. Le Guin, y “La cata” es uno de los mejores relatos que he leído en mi vida. Aprendamos, pues, de los mejores, y os garantizo que vuestra escritura mejorará lo inimaginable. Le damos las gracias a Nórdica Libros por su colaboración en este artículo. ¡Nos vemos el mes que viene!