FestínDanza II: Deconstruyendo la figura del príncipe

Seguramente han escuchado algún cuento de hadas o leyenda que cuenta la historia de un príncipe. Este personaje es siempre hermoso, de tez pálida, ojos color azul marino y cabello de oro. Es también delgado y atlético; humilde, leal, respetuoso y valiente. Sin embargo, no vive en un palacio, vive con alguna familia campesina, o con un mendigo, o con una mujer viuda siempre paciente. La llamada de un desconocido lo saca de su zona de confort, se enfrenta a sus más oscuros miedos y, con ayuda de un mago, un experto espadachín o algún animal parlanchín se convierte en un héroe. El príncipe descubre su regia identidad, vence al villano, recupera su trono y gobierna con justicia hasta el final de sus días.

La aparición del príncipe perdido

La segunda razón por la que “FestínDanza” no es relleno es porque George Martin revisita este tópico, haciendo de la última entrega la más ambiciosa en términos artísticos. Concretamente, juega con lo que llamaremos el “príncipe perdido” en la figura de Griff el Joven. A este chico lo conocemos en “Danza de Dragones”. Casualmente, es esbelto y larguirucho, tiene ojos color violeta y pestañas largas. Lo más importante es su pelo, el cual tiñe de azul para ocultar su ascendencia Targaryen y, así, no desvelar que es Aegon VI, el hijo del príncipe Rhaegar y heredero legítimo al Trono de Hierro. Aspecto físico de príncipe perdido: verificado.

Ahora bien, a Griff lo acompaña un caballero de leyenda llamado Jon Connington, antiguo amigo del romantizado Rhaegar y Mano del Rey Loco. También lo acompaña una septa extrañamente atractiva, un maestre y un ex miembro de la Guardia Real. Maestros exiliados que lo instruyen en el arte de la guerra, religión, idiomas y ciencias: verificado.

Y así, como si de una receta de cocina se tratase, George Martin cumple con construir la figura de “príncipe perdido” que estamos acostumbrados a leer en los cuentos de hadas. Ese mismo con el que los niños sueñan en convertirse y las niñas esperan encontrar en un futuro novio. Sólo que, en esta ocasión, para el lector hay algo que no termina de encajar. Si ya ha sido testigo de la evolución de personajes como Jon Nieve, Daenerys Targaryen o Jaime Lannister, que aparezca un personaje como Griff el Joven tan tarde en la historia es una bofetada al universo de “Canción de Hielo y Fuego”.

Esto es lo que precisamente busca el autor. Luego de leer 3,500 páginas de altibajos psicológicos y morales en los personajes principales, el príncipe perdido que amamos en otras historias, en “Canción de Hielo y Fuego” pierde color y parece falso. Por esa razón, al mismo tiempo nos reintroduce a uno de los verdaderos héroes de la historia.

El otro príncipe

Este “príncipe perdido” es Tyrion Lannister, porque lo es… ¿cierto? O tal vez no. Después de tres libros pensando que detrás de su deformidad y heterocromía se escondía un héroe, el lector se encuentra con un personaje totalmente distinto en “Danza de Dragones”. A lo largo de este libro, George Martin nos niega todo lo que amábamos de Tyrion y enfatiza todos los defectos que antes preferíamos ignorar. Ya no es un héroe, ahora es un monstruo.

Situar a Tyrion junto a Griff el Joven ahonda en las diferencias que existen entre la receta de cocina y los héroes de “Canción de Hielo y Fuego”. Griff mantiene una actitud de compromiso por los demás. Tyrion bebe hasta borrar su conciencia. Griff desea tomar la acción de reinar como deber, no como derecho, y hacer el bien. La parte más oscura de Tyrion piensa en coronar a Myrcella para iniciar una guerra en Poniente, aun sabiendo que eso sería sentenciar su sobrina a muerte; también, sus pensamientos, palabras y acciones hacia las mujeres van desde lo espeluznante hasta lo totalmente atroz. A ojos de Griff, navegar por el río Rhoyne es una aventura y las tortugas gigantes se convierten en dioses. A ojos de Tyrion, el mundo pierde sentido, y cuando no está suficientemente sumido en alcohol y soñando con violar y matar a su hermana, está teniendo pensamientos suicidas. Finalmente, para quienes les gustan las teorías, la “identidad secreta” de Griff se le presenta al lector en bandeja de plata, sin atisbos de misterio. Por el contrario, FestínDanza está lleno de guiños que le hacen pensar al lector que Tyrion es realmente hijo de Aerys II Targaryen. Son muchas las pistas para enumerarlas acá, pero basta decir que, de ser cierto, mientras que este parentesco es motivo de orgullo para Griff, para Tyrion sería una condena. En “Danza de Dragones” Tyrion empieza a soñar con quemarlo todo tal como lo hacía su aparente padre biológico y, además, cada vez se parece más al Lannister que hizo de padre a lo largo de su vida, quien pudo haber sido aun peor que el Rey Loco. Mientras que un pasado regio es factor de heroísmo en los cuentos de hadas, acá se convierte en factor de villanía.

Presentando juntos a los dos tipos de “príncipes perdidos”, George Martin nos reta a responder qué preferimos, si seguir viviendo de canciones o hurgar en el oscuro interior de los héroes que él construye con tanto esmero realístico. Esto le permite jugar con la lógica del Camino del Héroe. Tyrion estaría en la fase conocida como la “Apoteosis”, es decir, la fase en la que el héroe sufre una muerte, ya sea física o espiritual, y ve el mundo de una manera radicalmente distinta:

“[L]o cierto era que había muerto hacía mucho (…) Lo único que quedaba de él era su espectro (…) que había estrangulado a Shae y le había clavado una saeta (…) al gran lord Tywin (…) Seré el fantasma de los Siete Reinos —pensó mientras se hundía—. No me quisieron vivo; que me teman muerto”

En lugar de acelerar la recuperación de este héroe, George Martin se toma en serio el sufrimiento de Tyrion y abandona a sus lectores en el oscuro abismo que es su mente ahora. Su ingenio ya no es astucia, es un arma y una distracción. Es algo con lo que atacar al mundo al, por ejemplo, convencer a Griff mediante un juego de cyvasse de ir hacia Poniente en lugar de encontrarse con su tía. Con esto, no sólo inició una conquista en Poniente sino que fue el precursor de una futura guerra entre Daenerys y su sobrino …, auspiciada por el enano que “siente debilidad por los bastardos, tullidos y cosas rotas”. Prefiere ahogarse en su depresión y nihilismo en lugar de observar la desgracia que lo rodea con la sensibilidad que lo caracterizaba. Llega un punto en que el lector se pregunta si Tyrion algún día resucitará de su muerte espiritual.

Por consiguiente, Tyrion se convierte en excusa para redifinir el Camino del Héroe en algo algo impredicible. Este personaje no sólo quería ser amado sino también amar. Sin embargo, esto fue lo que precisamente mató en su “Apoteosis”. Quizá sea el primer héroe en convertirse en tal luego de intentar ser villano y fallar…o tal vez no.

Por | 2018-05-28T08:58:06+00:00 28 mayo, 2018|Disección Literaria|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Juliana Vargas
Juliana Vargas nació en Bogotá en 1992. Aprendió a leer a los 3 años como forma de tratar su tartamudez y desde ese momento ha crecido entre páginas y personajes imaginarios. Si bien se graduó de Derecho por la Universidad de los Andes, eso no le impidió realizar cursos en literatura y periodismo por la misma universidad. Asimismo, realizó su maestría en Derecho y Tecnología, la cual centró en el estudio en los derechos de autor que los jugadores podrían tener sobre los avatars y tramas que se desarrollaban en ciertos mundos virtuales. Hoy en día, en adición al ejercicio del Derecho, es columnista del periódico “El Espectador” en el que habla sobre videojuegos y obras literarias.