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Heroínas clásicas en tiempos modernos: Aracne

Entre los múltiples mitos que se recogen en la Metamorfosis de Ovidio destaca el de Aracne, una joven hilandera que se atreve a desafiar a la diosa Atenea y acaba convertida en araña. No es el primer episodio mitológico en el que un dios olímpico castiga a una mortal por un exceso de hibris (transgresión de los límites impuestos por los dioses), pero sí es uno de los que más ha pervivido en el imaginario occidental.

Aracne es una joven a la que todo el mundo felicita por su destreza como hilandera y por sus maravillosos bordados. Lejos de mostrarse humilde, ella misma reconoce que su habilidad rivaliza con la de Atenea, que es patrona de los artesanos. La diosa, al enterarse de esto, se enfurece y se presenta ante Aracne  con el aspecto de una anciana para aconsejarle que se abstenga de desafiar a los dioses. En vez de arrepentirse, la joven alardea de ser capaz de derrotar a Atenea en una competición de bordado. La diosa muestra entonces su verdadera forma y acepta el desafío.

AracneAtenea elige como tema su victoria sobre Poseidón. Sin embargo, Aracne, arrogante hasta el final, teje un tapiz un sobre las infidelidades de Zeus y otros dioses. Pese su pericia, Aracne no puede escapar del castigo y la diosa la metamorfosea en araña para que teja durante toda la eternidad.

Quizás durante el siglo I, la moraleja de esta historia tuviera mucho que ver con los peligros de la arrogancia antes que poner de manifiesto una situación injusta y, pese a que este tipo de enseñanzas no vienen mal en cualquier época, desde una óptica moderna es difícil no admirar el valor de Aracne enfrentándose a los dioses y obligándolos a verse cara a cara con sus propias miserias.

El mito ha pervivido en la cultura popular a través del arte. Es imposible olvidar Las Hilanderas de Velásquez, actualmente en el Museo del Prado, en el que este mito se representa de manera tan original, con las hilanderas en primer plano mientras unas actrices al fondo representan el momento exacto en el que cae sobre Aracne la furia de Atenea.

Entre las adaptaciones contemporáneas, considero de un vivo interés la novela corta de Nina Allan, La Tejedora (publicada en español por Fata Libelli), en la que la autora nos ofrece una reflexión sobre la naturaleza del arte a través del conflicto entre el talento natural y el esfuerzo.

AracneAllan crea una Grecia futurista y pagana, con una tecnología peculiar, enraizada en el mundo mítico, donde tejer tapices es una profesión prestigiosa y se condena a muerte a las mujeres que poseen el don de la clarividencia.

Layla, hija de un fabricante de tintes y una clarividente, es una artista excepcional que decide independizarse para vivir lejos de la influencia de su progenitor y el fantasma de su madre muerta, quien fue ejecutada cuando ella era una niña.

Se muda a Atolón, donde enseguida sus tapices se vuelven muy populares. Además, aparece en su camino una tejedora anciana  que conocía su madre y le recuerda que su habilidad al telar proviene de haber heredado el poder de los dioses. Layla es atea y niega poseer el don profético de su madre. Sin embargo, resulta cada vez más obvio que sus tejidos emanan algún tipo de magia capaz de alterar la realidad u observarla con mayor perspicacia. Además, el pasado de su madre y otras profetisas, todas artistas brillantes con historias trágicas, no deja de aparecer en su arte. Mientras más evidentes son estas influencias en su estilo, con más virulencia se resiste Layla a aceptar su propia naturaleza. A medida que las páginas fluyen, el lector se ve arrastrado al inevitable destino de esta nueva Aracne que, de nuevo convertida en araña, no cesa de tejer hasta el final.

Al cambiar el foco del conflicto, Allan no solo actualiza el mito sino que lo dota de una nueva profundidad en lo relativo a los motivos de la trasgresión de Layla/Aracne. La tejedora desafía a los dioses no por simple arrogancia sino como reivindicación del trabajo de una vida y como una manera de mantenerse fiel a sus principios. No debemos olvidar tampoco que la clarividencia, pese a que la anciana/Atenea mantiene que es un regalo, significó la muerte para la madre de la protagonista y aceptarla podría tener para ella consecuencias similares. También cabe destacar que la conclusión del conflicto está teñida de ambigüedad: quizás Atenea castigue a Layla por negarse a agradecer su arte a los dioses, pero pese al mal que cae sobre ella la protagonista continúa dedicándose a lo que más ama.

En definitiva, parece que el mito de Aracne y Atenea aún es fértil y puede producir obras excelentes en nuestra época. Solo necesita a las tejedoras adecuadas. Vosotros, ¿conocéis alguna más?

Por | 2018-03-23T10:28:11+00:00 19 marzo, 2018|Dramaturgia|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Carmen Romero
Carmen Romero Lorenzo nació en Sevilla en 1993. Desde siempre le ha gustado contar y escribir historias. Se graduó en Humanidades y Traducción e Interpretación en la Universidad Pablo Olavide. Actualmente se dedica a la enseñanza de idiomas y la traducción audiovisual además de a la escritura. Tiene una novela publicada en Triskel Ediciones A los pies del palacio y ha sido finalista de las convocatorias Alucinadas III y del Premio Domingo Santos. También es miembro de la compañía de teatro clásico Furor Bacchicus Teatro donde no solo actúa, sino que sido una de las autoras del drama Clitemnestra encadenada.