La inspiración artística como relato de fantasía

El oficio del escritor es crear historias, es elevarnos del suelo, es llevarnos a las profundidades del mar y a las más lejanas estrellas. El oficio del escritor es crear más de una realidad y regalarnos más de una vida. Quizás por esto es que el ejercicio de escribir es la profesión más mística de todas. Tal vez por esto se requiera de una ayuda superior, pues crear mundos y vidas es tarea divina. Por esto es que, a lo largo de los siglos, muchos escritores han comentado una y otra vez que no son ello quienes realmente escriben. Dicen que traen lo imposible a la vida como si fueran hechiceros, pero, simultáneamente, están siendo víctimas del mismo hechizo, y este hechizo se llama “Inspiración”.

La Inspiración Artística

inspiración“Inspiración” significa literalmente “recibir el aliento”. Desde su misma definición, aquello que los escritores buscan en su profesión ya posee una connotación divina, y los griegos antiguos fueron los primeros en percatarse de su existencia. Homero pensaba que la intervención de un ser divino era necesario para encontrar la inspiración, por esa razón, en su Odisea, un poeta menciona que sus cantos habían sido puestos en su corazón por los dioses. También, el oráculo de Delfos y algunas sibilas recibían humos divinos en una caverna dedicada a Apolo antes de realizar una profecía. Por su parte, las musas le dieron un cetro y le infundieron voz divina a Hesíodo. Esto causó que los poetas posteriores concibieran a Hesíodo como cauce de la inspiración divinay origen sobrenatural de la poesía. Por lo anterior, los poetas griegos creían que no eran más que instrumentos de creación. Los rituales a Apolo o a las musas eran un intento por “recibir el aliento”.

Luego vino el Espíritu Santo e inspiró a los apóstoles para escribir la Biblia. Unos años después llegó Dante Alighieri quien, de la mano del espíritu idolatrado de su amada, escribió “La Divina Comedia”. No es casual que sea Virgilio su guía a través del Infierno y el Purgatorio. Este poeta griego, al igual que sus coetáneos,  creía que la inspiración era un regalo de los dioses, y Dante acude a él para verbalizar su viaje interior. Luego, escritor tras escritor, vendrían miles y miles de instrumentos que escribirían sostenidos por un aliento místico.

“El Fuego Invisible”, la novela que verbalizó la inspiración

inspiraciónJavier Sierra no alzó los ojos al aliento divino en busca de inspiración; en su lugar, tomó aquel aliento, lo bajó a aquel mundo sensible, cambiante y mortal en el que vivimos, y lo transformó en instrumento literario. Javier Sierra le dio forma independiente a quien antes tomaba la silueta de sus escritores.

El libro comienza con la presentación de su protagonista, David Salas, quien escribió su tesis sobre el trabajo de Parménides, del cual dice lo siguiente:

“Parménides fue el primer pensador de la historia que se preocupó por averiguar de dónde vienen las grandes ideas. Ya sabes: el invisible manantial del que beben literatos, matemáticos, filósofos; la luz que saca de nosotros todo arte verdadero; el fuego invisible que es capaz de alumbrar mundos nuevos.”

Después, el protagonista se ve envuelto en la búsqueda del Santo Grial. A lo largo de cientos de páginas, el lector se ve distraído por Chrétien de Troyes, quien fue el primero en nombrar al Santo Grial en la literatura. También es llevado por el autor a lo largo de los Pirineos y Barcelona, tierras en las que se ve envuelto por una arquitectura medieval que no lo deja ver más allá. Pronto, al lector se le olvida qué era aquello que buscaba Parménides y se concentra en encontrar un cuenco de piedra. Aquel mismo cuenco que toma la forma de un caldero mágico en la mitología nórdica o el Santo Cáliz en la religión cristiana.

Y de pronto, Javier Sierra vuelve a atraer la atención del lector sobre el aliento que tanto se le escapa a los escritores:

“Un joven Lord Byron (…) John William Polidori, Percy y Mary Shelley (…) se retaron a un “duelo” (…) Los truenos retumbando en las montañas los empujaron a hacer la más suprema de las magias ¡Crearon mundos como si fueran dioses! (…) El doctor Polidori ahuyentó sus sombras escribiendo la primera novela de vampiros (…) Mary Shelley hizo lo mismo pergeñando Frankestein para aquel duelo”.

“Poe, Doyle, Yeats, Valle-Inclán, Unamuno, quizá Twain…, todos ellos convivieron con esas sombras interiores”.

Las sombras, el aliento divino, las musas, las voces interiores…es aquello que llamamos también “grial”. Es aquello que nos hace seguir un instinto salvaje, que nos hace crear mundos y vidas a partir del vacío. El ejercicio de escribir es auto-disciplina, sí, pero también es conectarnos con las ideas superiores que todos llevamos dentro.

Así, “El Fuego Invisible” se convierte en en una obra literaria dirigida más a escritores que a lectores. Es un canto a no rendirnos ante cualquier frustración que encontremos en nuestro oficio. Es un poema épico en el que nosotros somos los héroes. Que esto sea una invitación a creer que no solo nuestras obras son propias de la ficción, nosotros también somos la obra de ficción de nuestro poder interior y, escuchándolo, somos capaces de crear los mundos más maravillosos. Nosotros mismos también somos literatura fantástica:

“Escribir es renunciar a lo que uno es y ponerse al servicio de vidas ajenas que le susurran al oído”.

Por |2018-07-03T09:01:41+00:0021 junio, 2018|Psicología del Escritor, Recursos Narrativos|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Juliana Vargas
Juliana Vargas nació en Bogotá en 1992. Aprendió a leer a los 3 años como forma de tratar su tartamudez y desde ese momento ha crecido entre páginas y personajes imaginarios. Si bien se graduó de Derecho por la Universidad de los Andes, eso no le impidió realizar cursos en literatura y periodismo por la misma universidad. Asimismo, realizó su maestría en Derecho y Tecnología, la cual centró en el estudio en los derechos de autor que los jugadores podrían tener sobre los avatars y tramas que se desarrollaban en ciertos mundos virtuales. Hoy en día, en adición al ejercicio del Derecho, es columnista del periódico “El Espectador” en el que habla sobre videojuegos y obras literarias.