Heroínas clásicas en tiempos modernos: Helena de Troya

Una moda literaria que considero bastante interesante es la de rescatar a los personajes de la literatura clásica y presentarlos desde una óptica moderna. Ya sea a través de una actualización del mito a los tiempos contemporáneos, una adaptación o un retelling, este tipo de historias en manos de autor hábil puede dar pie a análisis muy interesantes. En esta ocasión me gustaría hablar de las transformaciones literarias que ha sufrido uno de los personajes más conocidos de la mitología clásica: Helena de Troya.

Vilipendiada por muchos y adorada por otros, esta reina espartana de la antigüedad lleva siglos sometida a juicio. Se la ha considerado una diosa primigenia, una seductora irresponsable, o una mera marioneta de los dioses dependiendo del autor y la época, pero lo que nadie puede ignorar al hablar de ella es que es un personaje marcada por la culpa y la posesión de una belleza, que más parecía una maldición que un don.

HelenaEn la mayoría de las versiones, Helena es hija de Zeus y Leda, la reina de Esparta. Cuando es una adolescente, la casan con Menelao. Aunque aquel matrimonio no dudaría mucho, pues, casi al mismo tiempo, Afrodita le promete al príncipe troyano Paris que obtendrá a la mujer más hermosa del mundo si la declara como la diosa más bella. El príncipe, más tarde, acudiría como huésped de Menelao a Esparta y acabaría huyendo junto a Helena, lo que acabaría conduciendo a la archiconocida guerra de Troya.

La cuestión que parece inquietar a todo el mundo es si la huida de Helena es voluntaria. Los textos homéricos parecen indicar que no, o que al menos existía un conflicto dentro de la joven. En el canto tercero de La Ilíada, Helena insulta a Paris y lo compara con su valeroso marido, pero al final no es capaz de resistirse a él debido a la influencia que Afrodita ejerce sobre ella. En La Odisea, Helena aparece brevemente junto a su marido Menelao. Ambos le cuentan historias al joven Telémaco y Helena elige una en la que ella se las apaña para ayudar a Ulises cuando este se infiltra entre los troyanos.

Sin embargo, cuando son los troyanos quienes tienen la palabra, Helena suele salir peor parada. En las Troyanas de Eurípides podemos ver a la reina Hécuba y sus hijas maldiciendo a la hija de Zeus y Leda cientos de veces. Incluso podría decirse que el clímax de la obra es el combate dialéctico entre Helena y Hécuba, en el que la reina troyana acusa a su contrincante de frivolidad e irresponsabilidad, a la vez que le recuerda todas las ocasiones que tuvo para resistirse a venir a Troya o para volver junto a los suyos. En palabras de Hécuba, Helena es una seductora terrible que debe ser sacrificada antes de que haga más daño.

No era esta la opinión de Gorgias que, en su famoso Elogio a Helena, exime a la espartana de toda culpa al considerar que fueron los dioses los que la llevaron a la infidelidad y que ella, como mujer pía, no tenía otro remedio que obedecer los dictados de las divinidades.

Hay bastantes más textos que tratan el tema y transforman el mito a su antojo, pero sería imposible recogerlos aquí todos, así que vamos a partir de estos para analizar un par de obras contemporáneas: el poema Helen of Troy does countertop dancing de Margaret Atwood (que se traduciría como «Helena de Troya baila en la barra de un bar» y está disponible en aquí) y el monólogo Juicio a una zorra de Miguel de Arco.

Los versos de Atwood pertenecen al poemario Morning in the Burned House de 1995, en el que la autora canadiense retrata a Helena como una bailarina exótica que se dirige en su discurso tanto a aquellos que se creen con potestad de salvarla de sí misma como a los que la contemplan como un mero objeto sexual. A través de metáforas e imágenes que parten del ideario mitológico griego y la cultura capitalista habla sobre la misoginia, la explotación y el poder del deseo. En contraposición con el personaje clásico, esta Helena posee una envidiable consciencia sobre su situación y sobre su propio cuerpo. Pone en duda su propio origen divino, pero no el poder que emana del hecho de ser una mujer capaz de tomar sus propias decisiones. En este poema, Helena no es víctima ni tampoco culpable, sino que utiliza las armas que le arrojan sus detractores para ridiculizarlos.

HelenaPor otra parte, tenemos el monólogo Juicio a una zorra del dramaturgo Miguel de Arco, que nos presenta a una Helena inmortal, pero decrépita que, encarnada por Carmen Machi, se ha dado a la bebida y tiene ganas de tomar la palabra para contar su historia por una vez, pese a que es consciente de que se enfrenta a un auditorio que la ha juzgado de antemano. En esta obra, Helena mezcla un lenguaje contemporáneo y a veces soez con referencias a textos clásicos, que son constantes y muy divertidas, pues la protagonista tiene palabras mordaces para todos los que han escrito sobre ella. Helena no se corta al maldecir tanto a los dioses como a los héroes clásicos y podría decirse que el leit motif de su discurso es un amargo recordatorio de que los vencedores son los que cuentan las historias y silencian las voces de todos los que demás. Además, cabe destacar que en esta obra la huida de Helena con París no se refleja como un secuestro ni como una imposición de los dioses, sino como la única decisión que Helena toma libremente en toda su vida.

Tras concluir este pequeño repaso, queda claro que Helena es mucho más que un rostro por el cual se lanzó mil navíos y se puso fuego a las altas torres de Troya, sino que se ha convertido en un personaje capaz cautivar a escritores tanto clásicos como contemporáneos. ¿Y vosotros? ¿Conocéis más obras inspiradas en ella?

Por |2018-02-09T09:36:27+00:005 febrero, 2018|Disección Literaria|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Carmen Romero
Carmen Romero Lorenzo nació en Sevilla en 1993. Desde siempre le ha gustado contar y escribir historias. Se graduó en Humanidades y Traducción e Interpretación en la Universidad Pablo Olavide. Actualmente se dedica a la enseñanza de idiomas y la traducción audiovisual además de a la escritura. Tiene una novela publicada en Triskel Ediciones A los pies del palacio y ha sido finalista de las convocatorias Alucinadas III y del Premio Domingo Santos. También es miembro de la compañía de teatro clásico Furor Bacchicus Teatro donde no solo actúa, sino que sido una de las autoras del drama Clitemnestra encadenada.