De entre los poetas que han vivido a lo largo de los años, los ha habido románticos, neoclásicos, nadaístas, malditos, realistas…y dentro de estas categorías se encuentran algunos que logran cabalgar entre una escuela y otra. Algunos poetas no se encuentran en un lugar u otro, y se ven condenados a ir de aquí a allá, en un vaivén compuesto de versos disonantes y rítmicos a la vez. Algunos abrazan la poesía bestial.

Horacio Quiroga fue uno de estos poetas. Tal vez fue el hecho de haber nacido un 31 de diciembre lo que lo llevó a someterse a una literatura en continuo movimiento. Aquel año de 1878, Uruguay vio nacer a un hombre que no se detendría ante neoclasismos, nadaísos, romances o realismos. Horacio Quiroga fue, en suma, un poeta indomable.

La vida literaria de Horacio Quiroga, el poeta indomable

Ya desde el comienzo de su vida, Quiroga demostraba interés por el ciclismo, la fotografía, la vida de campo y, cómo no, la poesía. De hecho, entre 1894 y 1897 escribió su primer cuaderno de veintidós poemas.

Poesía bestialDespués vino el suicidio de su padrastro, un viaje de cuatro meses fallidos a París y la pérdida de su primer amor. Cómo no fundar una revista, cómo no hacer de ella un laboratorio experimental donde probar nuevas formas de expresarse. Horacio Quiroga era un hombre nacido del cambio y criado por la incertidumbre, así que no podía hacer más que tomar el futuro, el destino y la vida y transformarlo a su antojo, sin importar padrastros muertos, amores perdidos o sueños inalcanzables. De este deseo nació el “Consistorio del Gay Saber”, uno de los lugares que se convirtió en centro de reunión de escritores,  y su primer libro: “Los Arrecifes de Coral”, poemas, cuentos y prosa lírica.

Pero como hijo de una eterna mutabilidad, Horacio Quiroga sufrió un revés de fortuna. Mientras le limpiaba el arma a su amigo Federico Ferrando, disparó una bala accidentalmente y lo mató ¿Cómo limpiar su culpa? ¿Cómo volver a los brazos de la literatura? En los años siguientes, Horacio Quiroga encontró refugio en una extraña aliada: la selva. Vivió años en Misiones, enseñando literatura y comiendo de la tierra, literalmente. Y por extraño que parezca, allá fue donde encontró su más preciada inspiración. Allá vio los árboles cambiar de color, allá vio animales tensar sus músculos ante una presa y relajarlos bajo el sol, allá conoció a sus dos esposas y les escribió historias de amor; allá crió a sus hijos y les enseñó a dormir solos en medio de la selva, a saltar de barrancos, a comer de lo que encontraran alrededor y enfrentarse a pequeñas bestias.

Poseía Bestial: La cumbre de la vida literaria de Horacio Quiroga

Horacio Quiroga pasó a la historia como uno de los grandes cuentistas de América Latina; pero la jungla que era Misiones también le otorgó la magia de unas garras afiladas y de la caricia del viento; le regaló el beso del amanecer y el abrazo de la noche; le cedió una rápida visión de las hadas y la ilusión de criaturas nunca antes vistas. Fue la jungla la que llevó a Horacio Quiroga a escribir sobre la locura humana y sobre un terror bestial propio de Rudyard Kipling; también lo condujo a lo largo de los recovecos de los cuentos infantiles, en los que los animales tenían voz y trataban a los humanos de tú a tú…y también le dio una poesía que sólo alguien como Horacio Quiroga podía escribir. No fue romanticismo ni realismo, no fue neoclacismo o nadaísmo. Fue una poesía bestial que sólo podía nacer un 31 de diciembre en medio de la más inhóspita jungla. De esta manera, la poesía bestial de Horacio Quiroga destiló amores pasionales, crepúsculos imposibles, animales que anuncian el fin de una vida y mares insondables que sólo existen en sueños.

Así que hoy, 31 de diciembre, Horacio Quiroga dedica su poesía bestial a un mundo que, una vez, está sujeto a esa mutabilidad a la que él estuvo dominado toda su vida.

“¡Oh el carmín de tus labios, cuyo orgullo

Palidece al fulgor de tus caderas!

Dame tu cuerpo. Mi perdón de macho

Velará la extinción de tu pureza,

Como un fauno potente y pensativo

Sobre el derrumbe de una estatua griega”

 “La tarde se moría y en el viento

la seda de tu voz era un piano,

y la condescendencia de tu mano

era apenas un suave desaliento.”

 “La brisa suspiró, como en el cuento

de una melancolía de verano”

 

“Los cisnes preludiaron tu agonía”

 

“Y hay un Mar Muerto tras la neblina,

Como una gota de tinta china.”