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Los héroes y la literatura fantástica (I) – Cómo renovar un arquetipo

¿Es posible seguir contando historias interesantes utilizando el tópico más viejo de la literatura? tweet

Si os pregunto cuál creéis que es el cliché más viejo, manido y pesado de la literatura fantástica, seguro que la mayoría me vais a dar la misma respuesta: la figura del héroe, el elegido, el paladín del bien y la justicia. Desde los poemas épicos de la Antigüedad hasta las modernas novelas de fantasía, desde Gilgamesh y Aquiles hasta Aragorn y Jon Nieve, los héroes han sido el estereotipo por excelencia de la literatura. Pero, ¿significa eso que deberíamos abandonar a esta clase de personaje? ¿Es posible seguir contando historias interesantes utilizando el tópico más viejo de la literatura?

Yo creo que sí. Cuando hacemos literatura, los arquetipos no son una amenaza que debiéramos evitar, sino una herramienta que tenemos que estudiar y comprender. La mejor forma de no caer en los mismos clichés de siempre es conocerlos tan bien que sepamos identificarlos al instante. Y lo cierto es que una de las formas más efectivas de sorprender al lector, de conseguir que nuestra historia le parezca novedosa y original, es presentarle un personaje que, en principio, se acomoda dentro de estos arquetipos, para después demostrarle que posee mucha más complejidad y profundidad de la que se aprecia a primera vista.

Y para explicaros cómo creo que se debe escribir un buen héroe de fantasía, voy a poneros el ejemplo de una de las mejores obras del género: Fullmetal Alchemist, el famoso y galardonado cómic manga creado por Hiromu Arakawa.

¿Qué hace especiales a los héroes?

Cuando hablamos de héroes en la literatura fantástica, seguramente se nos viene a la cabeza una imagen muy similar a esta: un hombre (porque suelen ser varones) alto, fuerte, seguramente atractivo. Ataviado con armadura, probablemente acompañada de una espada mágica; quizá sea maestro de una antigua y olvidada escuela de hechicería. Seguramente esté llamado a cumplir algún destino trascendental.

La conclusión que podemos extraer de todo esto es que los héroes suelen ser personajes llamativos. Especiales. Y muchas veces se suele criticar que los escritores de fantasía (y también los de ciencia ficción) tienden a hacer a sus protagonistas “demasiado” especiales. Es lo que se suele conocer como la ‘Mary Sue’ (o ‘Gary Stu’, en el caso de los varones): ese personaje que todo lo puede, que nada le detiene, que hace que toda la historia gire en torno a sí mismo y a su heroico destino.

heroesEl verdadero problema es que estos escritores no comprenden lo que verdaderamente define a una persona especial. Es un poco como lo que pasa con el famoso “iceberg del éxito”: cuando vemos a una persona que ha triunfado en sus objetivos tendemos a olvidar que detrás de ese triunfo seguramente habrá muchas horas de trabajo, frustraciones y desengaños. Es fácil creer que esa persona simplemente ha nacido con dones que la hacen mejor que los demás; pero esa es una visión muy limitada y no refleja la realidad. Con los héroes pasa exactamente lo mismo: si pretendes plantear que tu protagonista es especial porque tiene una espada mágica, o porque nació con superpoderes, o porque alguien le dijo que era un mago cuando cumplió 11 años, ya lo estás enfocando mal y seguramente te saldrá un personaje muy plano y aburrido.

Las personas excepcionales no lo son por el simple hecho de poseer una serie de habilidades, sino porque han dedicado años de esfuerzo a desarrollar esas habilidades. Ser especial no significa tener cualidades físicas o mentales tanto como emocionales o de carácter: fuerza de voluntad, creatividad y capacidad inventiva, humildad a la hora de reconocer los propios límites. A partir de que empieces a preguntarte qué es lo que hace especial a tu personaje, no como un mago o un guerrero, sino sencillamente como persona, empezarás a caminar por la ruta adecuada.

heroesY esa es una de las cosas que más me gustan de Fullmetal Alchemist. El cómic está protagonizado por el personaje de Edward Elric, un muchacho que posee el poder de la alquimia: una magia muy poderosa, capaz de transformar cualquier cosa por completo, siempre que no se altere su composición original. A pesar de su juventud, Edward es famoso por ser uno de los alquimistas de mayor poder y habilidad del mundo, y eso es algo que la autora te deja claro desde el primer capítulo del manga. También es un excelente luchador, tanto con armas como a mano desnuda. Así de golpe, parece el clásico ejemplo de protagonista ‘Gary Stu’, y más aún por tratarse del típico adolescente blanco que suele plagar las obras dirigidas al público joven-adulto.

Sin embargo, a medida que la serie avanza, empezamos a conocer mejor al personaje de Edwad, y a comprender qué es lo que realmente se oculta detrás de sus asombrosos poderes. Es entonces cuando el genio de Hiromu Arakawa sale a relucir.

El trauma como motor del personaje

En su Aspectos de la novela, E.M. Foster distingue entre dos clases de personajes: los planos, aquellos que se definen por una única cualidad o característica y nunca van más allá; y los redondos, los que presentan una mayor complejidad. Al principio de este artículo hemos desarrollado una definición básica del héroe de fantasía; la clave para convertir a ese héroe en un personaje “redondo” pasa por profundizar más allá de ese concepto básico y darle un contexto creíble con el que podamos trabajar.

Uno de los temas centrales en Fullmetal Alchemist es el trauma, es decir, una experiencia súbita y dolorosa que los personajes deben superar y que les obliga a cambiar, a renovarse. La premisa de la serie consiste en que Edward y su hermano, Alphonse, perdieron a su madre en su niñez; desesperados, trataron de revivirla utilizando técnicas prohibidas de alquimia, pero perdieron el control del experimento y la magia se volvió contra ellos. Edward se queda sin un brazo y una pierna. El cuerpo de su hermano queda totalmente destruido, y solo sobrevive porque Edward consigue vincular su alma a una vieja armadura utilizando un hechizo apresurado.

La idea del héroe con un pasado trágico puede parecer también muy manida, pero la forma en la que la autora la emplea en su historia es verdaderamente genial. La tragedia de Edward no está ahí solamente para crear efecto dramático, sino que es un elemento esencial para dar forma a su personaje. Edward es un muchacho que, siendo tremendamente joven, ya ha tenido que soportar traumas muy duros. Sin embargo, ello no le hace rendirse, sino que lo alimenta, lo vuelve más fuerte. Con la ayuda de su familia y sus amigos, Edward logra volver a levantarse. Se injerta nuevas prótesis metálicas para sustituir su pierna y su brazo, para lo cual debe pasar por todo un proceso de rehabilitación muy doloroso y complicado; después, decide dedicar su vida a buscar la forma de revertir los resultados de su experimento para reparar tanto el cuerpo de su hermano y el suyo propio.

Y ese es el verdadero motivo por el que Edward es un gran héroe. Lo que le define no son sus poderes ni sus habilidades de combate, sino la persona que es: un hermano mayor que carga sobre sus hombros con la responsabilidad de su familia, un tullido que tiene que aprender a sobrevivir con un cuerpo roto. Las consecuencias de sus errores le persiguen a lo largo de la trama: sus miembros prostéticos, por ejemplo, no son perfectos, y pueden estropearse y dejarlo incapacitado. Sin embargo, para este personaje, el dolor no es un obstáculo sino un combustible que le impulsa a seguir adelante. Cuando otros personajes hablan de Edward no mencionan tanto sus poderes, sino su dedicación y entrega a su misión, su fuerza interior que le permite superar esas experiencias que deberían haberle destrozado. Cuando tú, lector, ves a Edward llevando a cabo hazañas asombrosas, como derrotar a villanos mucho más fuertes que él, te resulta creíble porque sabes que es capaz de ello, que ha superado cosas infinitamente peores. Que su fuerza no se limita a saber cuatro trucos de magia.

heroesY creo que ha llegado el momento de tomarnos una pausa. Para resumir, lo primero que debéis tener presente si queréis escribir a un héroe de fantasía (o de cualquier otro género) es que debéis definirlo a través de sus experiencias y sus actos, no de sus poderes o habilidades. Así, crearéis personas verdaderamente especiales, y no meros ‘Gary Stus’ y ‘Mary Sues’. Espero que os haya gustado y, si os he despertado interés por esta excelente serie, os recomiendo que busquéis los tomos en formato ‘kanzeban’ que publica Norma como el que os pongo a la derecha.

En el siguiente número hablaremos de otras características importantes a la hora de definir a vuestros héroes para darles una mayor humanidad y, en particular, relacionándolo con el viaje del héroe de Campbell. ¡Hasta la próxima!

Por | 2018-04-09T11:54:31+00:00 2 abril, 2018|Disección Literaria|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Pablo José Terol Orozco
Pablo José Terol Orozco nació en Cádiz en 1993 y ha vivido entre libros desde que tiene memoria. Se graduó en Derecho por la Universidad Pablo de Olavide, especializándose en la rama del Derecho Constitucional. Aunque su carrera profesional le haya llevado en una dirección distinta, nunca ha abandonado su amor por la literatura en todas sus formas y géneros. Ha publicado varias historias en colaboración con diversos editoriales, blogs y otras entidades, y obtuvo el 2º puesto en el certamen literario Premius Interius, convocado por Triskel Ediciones.