Al parecer fue un guionista escoces, Angus MAcPhail, quien acuño el término “McGuffin” que el director de cine Alfred Hitchock popularizaría durante toda su carrera. Puede escribirse “McGuffin” o “MacGuffin”, el diccionario de Oxford admite las dos formas de escribirlo, aunque la segunda está mucho más extendida. Se escriba como se escriba se convirtió en uno de los recursos narrativos favoritos de Hitchcock. El director solía explicar el significado de la palabreja en cuestión con esta pequeña historia.

“Dos personas viajan en un tren y una de ellas tiene en el portaequipajes una caja de aspecto muy peculiar.

—¿Podría decirme qué es ese paquete que hay sobre su cabeza? —pregunta el primer viajero, francamente intrigado.

—Es un McGuffin —responde tranquilamente el otro —. Sirve para cazar leones en Escocia.

—Pero si en Escocia no hay leones —replica el primer viajero.

—Entonces eso de ahí no es un Mcguffin.”

¿Pero qué demonios es un McGuffin”

Un McGuffin es una excusa argumental que propicia el desarrollo de la historia, aunque paradójicamente carece de importancia por sí mismo. No es relevante para la trama y en algunos casos incluso podría ser cambiado por cualquier otro elemento sin que el desarrollo argumental varíe lo más mínimo. Se trata de lanzar un anzuelo al lector, usando algún tipo de recurso que atraiga su interés y lo intrigue, aunque luego este elemento no tengo ningún tipo de relevancia en el desarrollo de la trama. En “Fundación” de Asimov la creación de una enciclopedia que recopile todo el conocimiento de la humanidad sirve de excusa para reunir a una gran cantidad de científicos y pensadores de todo tipo en un planeta, pero la trama no gira en torno la creación de la enciclopedia, se la nombra en contadas ocasiones, sino en cómo viven la decadencia del imperio galáctico una serie de personajes.  De hecho, en relatos posteriores de la saga se deja de trabajar en la enciclopedia sin que las historias o la construcción del mundo se vean afectadas lo más mínimo por este hecho.

Al principio de la película “Psicosis” vemos que Marion, el personaje de Janet Leigh, ha robado 40.000 dólares de la empresa en la que trabaja y se dispone a huir con el dinero. Este inicio nos lleva a pensar que la historia girará en torno al robo, algo que cambia radicalmente cuando Marion llega al Motel. Marion desaparecerá (literalmente) para dejar paso a la historia de los crímenes de Norman Bates. En realidad, el motivo por el que Marion llega al motel es irrelevante, el robo hace que empecemos siguiendo la historia con interés, el giro de la aparición de Norman Bates nos sorprende y nos introduce en la verdadera trama.

Detalles a tener en cuenta con el uso del McGuffin

El McGuffin al ser una excusa argumental, no hay que darle muchas explicaciones. Debe ser un elemento accesorio sin demasiado peso en la trama ni demasiados datos a su alrededor ¿Qué pone en el Necronomicón? ¿Que lleva a la locura a quienes lo leen? Sinceramente no importa, y probablemente dar demasiada información sobre los Dioses Primigenios y los textos que hablan de ellos le restaría encanto al relato, o aún peor, verosimilitud. Están ahí para ser el disparador de una historia, pero en textos como “La llamada de Cthulhu” si el protagonista en lugar de haber visto al dios se hubiese encontrado con un leviatán o con Tiamat el resultado no variaría demasiado. En el relato “Casa Tomada” de Cortázar no sabemos quiénes son los misteriosos inquilinos que van adueñándose de la vivienda de los protagonistas, y en el fondo, ese dato no es importante ya que la historia no gira alrededor de ellos sino al modo en que se vive esta experiencia.

No todo vale.

En el ejemplo que citábamos anteriormente sobre Hitchcock hay un elemento clave para el funcionamiento de este recurso.

“—Pero si en Escocia no hay leones —replica el primer viajero.

—Entonces eso de ahí no es un Mcguffin.”

Un Mcguffin debe ver verosímil y estar bien integrado en la historia, al lector le debe parecer un elemento orgánico y lógico de la trama. Si en Escocia no hay leones, es imposible cazarlos allí, luego no hay necesidad alguna de usar un dispositivo para atraparlos. No importa si explicamos qué es un Mcguffin, lo que importa es que no pinta nada en Escocia. En una historia de espías a nadie le parecerá raro que usemos como disparados un microfilm o unos planos secretos, pero sí usamos como excusa una espada mágica no resultará en absoluto creíble. Nos parece perfectamente entendible que los planos de la Estrella de la Muerte sean importantes en el universo Star Wars, parecería totalmente absurdo usar como disparador la receta secreta de galletas de jengibre de Leia Organa, por muy buena cocinera que pudiese ser la princesa. Simplemente no casa con la historia.