El pasado octubre se publicó en nuestro país, de mano de Anagrama y con traducción de Laura Salas Rodríguez, Su cuerpo y otras fiestas de Carmen María Machado. El debut de la autora estadounidense consiste en una colección de relatos que se mueven entre realismo mágico y la cultura pop. Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención de estas historias es su intención metaliteraria. En este artículo trataremos de explicar el concepto de metaliteratura y la manera en la que Machado lo utiliza para dotar a sus escritos de una perspectiva única.

¿Qué es la metaliteratura?

Se entiende la metaliteratura como literatura autorreferencial, lo cual viene a decir que se trata de historias en las que la propia literatura aparece como uno de los temas de la narración. Esto puede darse a varios niveles desde reflexiones de los personajes sobre el acto de leer y escribir hasta homenajes a ciertos autores o corrientes literarias. Incluso los propios personajes pueden llegar a darse cuenta de su condición de personaje literario como en la novela Niebla de Miguel de Unamuno o de la existencia de una obra que narra sus peripecias como Don Quijote y Sancho en la segunda parte de El Quijote.

Es un recurso que puede resultar muy interesante para expresar el punto de vista del autor sobre las artes literarias o romper la cuarta pared. En el caso Su cuerpo y otras fiestas, la autora lo emplea para otorgar a la narrativa de un carácter mágico y perturbador como veremos a continuación.

Su cuerpo y otras fiestas

La mayoría de los relatos de esta colección comparten una narradora en primera persona, que si bien cada vez representa a un personaje distinto tienen en común algunas características como pueden ser su carácter intimista, detallista y sensual. Además, por supuesto, de un talento para recolectar historias. Cada personaje que aparece en estos cuentos parece poseer la semilla de uno nuevo, lo cual dota a estas historias de una estructura similar a una matrioshka. Además, la narradora siempre estará dispuesta a desgranar para nosotras cada uno de estos hilos, y a la vez nos ofrece sus propias reflexiones: «Las historias presienten la felicidad y la extinguen como un fuego».

metaliteraturaQuizás el relato en el que más destaque el uso de la metaliteratura es en el primero «El punto de más» (disponible para descarga gratuita en la página de Anagrama) que comienza apelando directamente al lector, dándole instrucciones de cómo debe leer la historia en caso de que se anime a hacerlo en voz alta. Además, durante la narración, se intercalan múltiples historias con moralejas que sirven a la protagonista a interpretar sus propias vivencias. Este mismo recurso aparece en «El inventario» en el que una mujer hace recuento de sus amantes y sus historias para mantener la cabeza fría en un momento de crisis. Ambos relatos destacan también por el manejo de elementos fantásticos y perturbadores que se van integrando en la vida de las protagonistas de manera natural.

También posee un carácter indistintamente metaliterario el relato «La residente» en el que una mujer recibe una beca de residencia para escribir una novela sobre sus vivencias personales en una casa próxima a un lugar donde sufrió un gran trauma en su juventud. La protagonista no tiene mucho éxito, puesto que al final su pasado siempre encuentra la manera de devorarla y afianzar sus miedos. Es un retrato en clave de terror sobre los problemas de una escritora incapaz de plasmar en el papel lo que quiere decir ni enfrentarse a su pasado.

Por último, en Especialmente perversos, un relato que consiste únicamente en resúmenes de capítulos de un spin-off ficticio de la serie televisiva Ley y Orden,encontramos otro tipo de metaliteratura basada en la parodia. Mediante la introducción de elementos innecesariamente retorcidos y perturbadores, en ocasiones de estética new weird, Machado parece burlarse de las series policiacas con tramas que buscan recrearse en las perversiones y el morbo.

Conclusión

En definitiva, tanto a través de las estructuras de sus relatos como en el uso de una narradora autoconsciente, Machado nos ha regalado una colección que en muchas ocasiones parece una carta de amor al arte de contar historias.