¿Se puede adquirir el talento para escribir?

Probablemente una de las cosas que más me preguntan es si recibir clases de narrativa sirve para algo. Tras la pregunta suele venir algún tipo de reflexión más o menos larga que suele acabar llegando a la misma conclusión: el talento se tiene o no se tiene, no se puede adquirir el talento para escribir.

Voy a ser muy sincera: no se puede enseñar a tener talento. ¿Esto quiere decir que las clases de narrativa son inútiles? ¿Que escribir es un talento fortuito que el azar implanta en ti? ¿Que se activa por algún mecanismo extraordinario que la razón no puede explicar? No, no y no.

Entonces, ¿se puede aprender a escribir?

Se puede aprender a escribir. Se puede tener el talento pero pueden faltarte las herramientas adecuadas para desarrollarlo. Como ese niño que tiene buen oído para la música pero que jamás va al conservatorio; solo en contadas ocasiones se convertirá en un músico excepcional.

Yo siempre había escrito, pero en la mayoría de los casos mis historias se quedaban a la mitad. Casi siempre solía llegar a un punto en el que no sabía cómo continuar. Casi siempre llegaba a un capitulo insalvable. Además era un desastre: no había oído hablar de guiones de diálogo, ni de las reglas de los verbo dicendi, no conocía los errores del autor novel, ni qué era un punto de giro, no sabía planificar el trabajo y menos aún concluirlo… Así que me volvía loca, repasaba lo que habían hecho en situaciones parecidas escritores que me gustaban; leía, leía muchísimo, pero analizar una novela cuando no sabes nada de narrativa es un trabajo complicado que no siempre te hace llegar a la respuesta que necesitas. Y es frustrante.

¿Qué te puede aportar un buen curso de escritura?

Antes de empezar con las clases de narrativa no sabía que existían más de diez tipos de narradores, que pueden clasificarse según la persona gramatical  o su conocimiento de la historia. Hay narradores deficientes, omniscientes, equiscientes, narradores múltiples, narradores fidedignos, no fidedignos, en primera, segunda y tercera persona. Narradores protagonistas y narradores testigo.  Y puede que alguno diga (sin que le falte razón) que se puede escribir sin saber todo eso. Y yo estoy de acuerdo, claro que se puede. Pero escribir es algo más que vomitar una historia sobre un folio en blanco: escribir es darle la forma idónea a lo que queremos contar. Un buen escritor no escribe para decir; escribe para mostrar, para crear complicidad con el lector. Y, llegados al punto de pretender escribir algo que merezca la pena leer, es mucho mejor hacerlo conociendo ciertas técnicas, ciertas bases, que luego el talento se encargará de hacer suyas, dando como resultado esa obra única e irrepetible que todo escritor busca.

La siguiente pregunta suele ser: ¿Cuántos grandes escritores salen de los talleres de narrativa? A lo que se puede contestar con otra pregunta igual de capciosa: ¿Cuántos grandes músicos salen del conservatorio? ¿Cuántos artistas irrepetibles de las facultades de bellas artes? Y eso no quiero decir que no haya que estudiar música o arte.  Escribir es una cosa, triunfar en la literatura otra muy distinta.

Nunca lo olvides:

Escribir es una tarea ardua, puede serlo mucho menos si te enfrentas a esa gran estepa que es el folio en blanco con un buen equipamiento mental. Después, una vez acabas tu manuscrito, viene el mundo editorial. Y eso es otra guerra, una en la que el talento juega solo una parte de su papel y luego intervienen muchos otros factores.

Sí, se puede aprender a escribir. Sí, se puede seguir disfrutando de la escritura cuando aprendes y aplicas la teoría, se puede seguir siendo fresco e instintivo. Y no tienes por qué aspirar a convertirte en escritor, tal vez solo quieras adentrarte más en un hobby que te apasiona, o mejorar tu expresión escrita, o querer disfrutar de los libros a muchos otros niveles.

No, no puedo enseñarte el talento.  Eso, pese a todas las palabras que he gastado en este artículo, sigue siendo cierto.