Un Recorrido por la Literatura de Terror

Literatura de terror. Oscuridad abrazando la luz, danzas macabras, fuegos fatuos, ‘cancerberos, sombras largas. Insana necesidad de atemorizar a los lectores. Escritos que sólo pueden salir de almas consternadas, como si no fueran de este mundo…O, al menos, esa es la idea general que se tiene de este tipo de literatura.

Los Escritores Góticos

Literatura de terrorLa razón de esta visión tal vez deba rastrearse hasta 1816, cuando una niña de dieciocho años hizo del terror un relámpago predestinado. Mary Shelley encontró en el Monstruo de Frankenstein un ser que pudiera infiltrarse en nuestra cotidianidad y trastocarla con un ánimo desvergonzado. Creemos que nuestra inteligencia superior es capaz de crear cosas cada vez más maravillosas, pero Shelley pensó que sólo éramos capaces de crear criaturas monstruosas y, quizás, tenía razón. Más allá de la piel viscosa, los miembros desproporcionados y su anormal altura, el Monstruo es una criatura abandonada. Este niño no quería más que aprobación paternal, y es el rechazo de su padre lo que termina oscureciendo el alma del Monstruo, si es que tenía. La dicotomía entre lo que lo que el Monstruo quería ser y lo que su creador y la sociedad querían que fuera, fue lo que terminó construyendo su personalidad dual. Por un lado, el Monstruo soñaba con integrarse a los humanos; soñaba con que, algún día, su sensibilidad, inteligencia y buen corazón le permitiría a los demás observar más allá de sus muchas deformidades y amarlo. Es por esto que, en muchas ocasiones, la Criatura demuestra tener más sensibilidad y compasión que su creador. Sin embargo, por otro lado, la Criatura también demuestra una capacidad indescriptible e inhumana de rabia y vileza.

Dada su personalidad dual, el Monstruo de Frankenstein no fue más que una proyección de la misma autora. Atormentada por la muerte prematura de su hija, el fracaso de su apresurado matrimonio y haber abandonado a su padre, Shelley no hizo más que personificar nuestros propios demonios. No es coincidencia que se le haya ocurrido el argumento general de “Frankenstein o el Moderno Prometeo” en la mansión de Lord Byron, durante una noche tan tormentosa como su alma. Y, en ese mismo lugar, aquella misma noche, John William Polidori también creaba “El Vampiro”. Mientras Mary Shelley creaba un terror nacido del interior, Polidori creaba un terror nacido de lo que consideramos anormal…aunque no tiene por qué ser así.

De hecho, existe otro famoso vampiro en la literatura universal, “Drácula”, de Bram Stoker. Si bien la novela contiene elementos sobrenaturales, pueden existir varias inspiraciones históricas para este personaje. El primero es Vlad el Empalador, quien luchó contra el expansionismo otomano, aunque su forma de lucha limitara con lo dantesco. Empalaba a sus enemigos, realizaba ejecuciones masivas, creaba bosques de “picas humanas”, fijó las boinas de embajadores turcos a sus cabezas y, era tal su naturaleza sanguinaria, que gran parte de la población musulmana abandonó Constantinopla por miedo a que fuera conquistada por Vlad. Otras fuentes aseguran que, en cambio, Bram Stoker se inspiró en el folclore irlandés, específicamente en el rey celta Abhartach, de quien se dice que volvió de la muerte para exigir la sangre de sus súbditos. El rey Cathain buscó consejo, a lo que un sabio cristiano le recomendó asesinar a Abhartach con una madera de tejo y enterrarlo boca abajo, plantándolo con una gran piedra. Básicamente, algo bastante parecido a lo que hizo el doctor Van Helsing para derrotar a Drácula.

Aquella noche de 1816, Polidori no estaba pensando en cómo asustar a Lord Byron o a Mary Shelley, estaba pensando en cómo hacer catarsis, en cómo dejar de tener miedo. Tal vez él también pensó en príncipes rumanos o reyes celtas. Tal vez él también creó su vampiro a partir de alguna base verídica para poder darle forma al relámpago que retumbaba tanto fuera de la mansión de Byron como también dentro de él.

El escritor que cabalgó entre el Gótico y el Romanticismo

Años después, con Edgar Allan Poe, el terror que provenía de una amenaza exterior predeterminada, como monstruos o vampiros, se tornó en una oscuridad siempre latente. Se tornó en un terror que acechaba allá a donde fuéramos , fuera de noche o de día. “Toda certeza está en los sueños”, dijo alguna vez este escritor y, en efecto, su última obra estuvo dedicada a “los que sienten más que a los que piensan, a los soñadores y a los que depositan su fe en los sueños como únicas realidades”. Edgar Allan Poe cabalgó entre el arco apuntado del gótico y las pesadillas capaces de moldear la realidad a su espantoso antojo. Habló de corazones palpitantes dentro de cadáveres, de cuervos proféticos cuya sombra consumía el alma del narrador y de hermanos condenados a morir de terror, llevándose consigo legados familiares. Poe hizo de los sueños su única realidad y guardó sabidurías inmemoriales hace tiempo desaparecidas.

El Escritor que transformó el terror

 Es por esto que Howard Phillip Lovecraft sintió fascinación por Edgar Allan Poe:

Literatura de terrorEntonces me dejaban caer…y mientras adquiría velocidad en mi caída digna de Ícaro, empezaba a despertar en tal estado de pánico. Los “noctívagos demacrados” eran unas criaturas negras, flacas, viscosas, con cuernos, rabos de púas, alas de murciélago y sin ningún tipo de rostro”.

Cada noche, a Lovecraft lo visitaban estas criaturas. Su dantesca apariencia lo hacía pasar noches enteras en vela y, aun así, los veía detrás de sus pupilas, acechando detrás de sus más oscuros sueños. Hasta que un día, cansado de intentar escapar de lo inevitable, Lovecraft decidió enfrentarse a sus miedos. A través de más de un centenar de cuentos y dos novelas, este escritor emprendió un auténtico periplo interior, rompiendo todos los tabúes.

Lovecraft terminó el trabajo iniciado por Poe, abandonando definitivamente las invenciones mágicas o legendarias de los góticos. En su lugar, los terrores del alma, la enfermedad, la perversidad o la decadencia se convirtieron en verdaderos protagonistas. El terror lívido del sueño y la muerte moldearon entonces toda una mitología de seres profundos que recuerda relato a relato, línea a línea, que los sueños constituyen una puerta de entrada a otras dimensiones y terrores cósmicos. Estos sueños le dan la bienvenida a híbridos semihumanos y de origen sobrenatural, seres no terrestres, procedentes de civilizaciones pre-humanas que se esconden bajo las profundidades del océano eterno.

Hasta el momento, los escritores de terror habían encontrado sus miedos en alguna oscuridad que se cerniera sobre ellos. Sin embargo, ¿puede que nosotros mismos seamos aquel terror?

El escritor del terror filosófico

“El hombre es una Nada consciente de sí mismo”, solía decir Thomas Ligotti, el exponente del terror filosófico. Este escritor afirmaba que los seres humanos generalmente poseían una buena opinión inquebrantable de sí mismos, lo cual no hacía sino convertirlos en una inconsciencia andante. Así, solemos equiparar lo sobrenatural con el horror, y una marioneta dotada de vida ejemplificaría precisamente ese tipo de horror. Pero no es así como ellas lo verían, dice Ligotti. “Las marionetas humanas no podrían concebirse a sí mismas en absoluto como marionetas, no si estuvieran dotadas de una consciencia que provocara en ellas el sentimiento inquebrantable de ser distintas de todos los demás objetos de la creación”.

En suma, todo horror sobrenatural se rige por lo que creemos que debería ser y no debería ser, y es por esto que encontramos terrorífico una marioneta humana, cuando, visto desde otra perspectiva, no lo sería en absoluto. A nuestra manera, también somos marionetas que, al intentar evitar el sufrimiento, tenemos que seguir adelante, y los que dan primacía al sufrimiento quedan atrás. “Nos encadenan con sus lloriqueos. Nos fijamos una meta tras otra, en un juego de mesa sin final. Y si eres demasiado consciente de que no te gusta, entonces puedes concebirte como una paradoja biológica que no puede vivir sin su consciencia y no puede vivir con ella. Y con este vivir y no vivir te alineas con los muertos vivientes y las marionetas humanas. Esa es la tragedia, la consciencia nos ha obligado a adoptar la postura de procurar no ser conscientes de lo que somos: pedazos de carne que se estropea sobre huesos que se desintegran”. Tal como Sísifo, quien lleva una piedra hasta la cima para que esta sólo vuelva a caer, terminamos sometiéndonos a la Voluntad de Vivir, la cual asume el papel de marionetista.

La catársis a través de escritores de terror

Shelley, Polidori, Stoker, Poe, Lovecraft, Ligotti: Toda una sucesión de danzas macabras, fuegos fatuos, cancerberos y sombras largas que van dando cuenta de la ensordecedora fuerza del miedo. La literatura de terror no tiene como objetivo “asustar al lector”, como tampoco es el resultado de simples almas atormentadas. “Estos juicios psicológicos a matacaballo son poco más que astrología presuntuosa”, suele quejarse Stephen King, uno de los mayores exponentes de este tipo de literatura. “Los escritores se hacen, no nacen ni se crean a partir de sueños o traumas de la infancia”. Puede que Shelley y Polidori estuvieran encerrados en una mansión. Puede que Poe se inspirara cada vez que cerraba los ojos. Puede que a Lovecraft lo visitaran los híbridos de su mitología; pero su trabajo final es una amalgama de sentimientos y esfuerzos por comprender aquello que otras “Nadas conscientes de sí” apenas lo tildan de marionetas humanas.

Literatura de terrorEste afán por cruzar la línea que otros apenas se atreven a ver por el rabillo del ojo les confirió un poder especial, el poder de ejercitar emociones y sensaciones que por lo general mantenemos a raya. La literatura de terror es un desfogue similar a una ejecución pública o a un linchamiento. Es un placer culpable compartido por todos…en silencio.

Por consiguiente, el escritor de terror es un héroe. Es aquel cuya misión es adentrarse al territorio que consideramos tabú para confirmarnos la existencia del statu quo en el que viven nuestras Nadas conscientes de sí. Su misión es enseñarnos visiones extravagantes que podrían llegar a ser la alternativa. En el caso de Stephen King, nos mostró un escritor alcohólico víctima de una psicópata con una cerda de mascota, una adolescente con poderes telequinéticos, un payaso bailarín, un pistolero sin dos dedos y más veloz que el sonido, una madre poseída por un ente demoniaco….”No, no tengo ningún trauma”, repite este escritor. Él es tan sólo el heredero de aquellos que ya experimentaron la consciencia del horror y, después de él, vendrán otros que nos protegerán de marionetas humanas y demás extravagancias de este mundo.

Por |2018-11-02T10:44:15+00:002 noviembre, 2018|Disección Literaria|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Juliana Vargas
Juliana Vargas nació en Bogotá en 1992. Aprendió a leer a los 3 años como forma de tratar su tartamudez y desde ese momento ha crecido entre páginas y personajes imaginarios. Si bien se graduó de Derecho por la Universidad de los Andes, eso no le impidió realizar cursos en literatura y periodismo por la misma universidad. Asimismo, realizó su maestría en Derecho y Tecnología, la cual centró en el estudio en los derechos de autor que los jugadores podrían tener sobre los avatars y tramas que se desarrollaban en ciertos mundos virtuales. Hoy en día, en adición al ejercicio del Derecho, es columnista del periódico “El Espectador” en el que habla sobre videojuegos y obras literarias.