¿Qué es el Worlbuilding?

Worldbuilding es la expresión inglesa que se utiliza para el trabajo de desarrollo de la ambientación que usaremos en una historia.

He elegido la palabra “ambientación” y no “mundo” porque su sentido es mucho más amplio y trasciende las fronteras de los géneros. El worldbuilding no es algo que únicamente encontremos en novelas de fantasía o ciencia ficción, géneros que realmente sí crean mundos de la nada. La estructura de la mafia que aparecerá en una novela negra, el desarrollo de un conflicto social en un drama histórico o, incluso, los fragmentos de mitología en un relato de terror forman parte también del worldbuilding.

En todos los géneros la creación del ambiente es crucial para que la historia cautive al lector. La diferencia más significativa es que, mientras en una novela histórica o actual esa responsabilidad recae en la documentación para lograr que sea lo más realista posible, en géneros de ficción pura, ese peso se encuentra por completo sobre la imaginación del autor.

¿Para qué sirve el Worldbuilding?

El objetivo del worldbuilding es crear una identidad coherente para el entorno en el que se va a desarrollar nuestra historia. La escala que utilicemos determinará la cantidad de elementos que tendremos que tener en cuenta.

Por ejemplo, si la acción sucede exclusivamente en el interior de un edificio, necesitaremos tener muy clara su estructura y distribución, la razón por la que los personajes están allí o por qué no pueden salir, etc. No tendremos que plantearnos nada acerca del gobierno de la ciudad donde se encuentra el edificio, el clima de esa región o las etnias que podemos encontrar en ella.

¿Significa eso que el worldbuilding es más simple en un entorno restringido? Rotundamente no. Crear una buena ambientación necesita que nos empapemos de todos los detalles y lograr que las piezas encajen sin chirriar. La clave del worldbuilding es dar coherencia a la ambientación. La mayor escala de un país o un mundo entero nos da margen para algunos errores menores, pero un entorno pequeño nos obliga a trabajar con una precisión de relojería. Un sólo error de coherencia y todo nuestro trabajo de ambientación se hará pedazos.

¿Cómo se trabaja el Worldbuilding?

La mejor manera de trabajar el worldbuilding es partir de un concepto inicial, la idea básica que condense la esencia de la ambientación que vamos a crear. A partir de este concepto iremos añadiendo elementos que nos irán ayudando a perfilar la naturaleza de nuestra ambientación y el tipo de personajes que la poblarán.

Este concepto inicial debe responder a una pregunta básica: ¿Cuál es la identidad de nuestra ambientación?

¿Cuáles son las bases del Worldbuilding?

Cosmología, metafísica, historia, ingeniería social, ecología, economía y un sin fin de campos son los que podemos incorporar a nuestra ambientación para dotarla de más coherencia y una identidad única.

Una de los mejores ejemplos de esto es la novela “Dune” de Frank Herbert. En ella se plantea un imperio galáctico levantado en torno a una única sustancia, la especia, que expande la mente y hace posible el viaje más rápido que la luz. La especia, sin embargo, se encuentra en un único planeta, Arrakis, un mundo totalmente desértico, con una sociedad indígena que han hecho de la supervivencia en uno de los entornos más hostiles que existen en el universo, un arte.

Herbert mezcla con maestría la vieja política feudal, rasgos de los pueblos nómadas como los tuareg y los evoluciona para que posean una identidad propia y perfectamente distinguible sin sacrificar en ningún momento su coherencia. No hay absolutamente nada en los fremen que esté fuera de lugar, por mucho que sean un pueblo que nos pueda resultar extraño y, a veces, incomprensible. Todo tiene sentido.

Para simplificar, podemos decir que el worldbuilding abarca tres aspectos básicos a partir de los que siempre trabajaremos; el ambiental, el histórico-social y el filosófico.

Elementos ambientales

worldbuildingEl aspecto ambiental engloba todas las características físicas y estéticas de nuestro mundo. Desde las leyes básicas del universo a los lugares donde se desarrollará la historia, estos elementos son cruciales para crear una buena ambientación. Así, por ejemplo, uno de los rasgos básicos de toda novela de ciencia ficción es decidir si se puede o no viajar más rápido que la luz. Porque eso, aunque no lo parezca, va a suponer una gran diferencia a la hora del resto del worldbuilding.

Cada paisaje que mostremos tiene asociado un clima, una flora y una fauna que pueden ser elementos importantes en la historia. Si una ventisca dejará a los personajes aislados en una casa, deberemos asegurarnos de que todo lo que contemos sobre ella sea coherente, desde la descripción de estar expuesto a ella a las medidas que se tomen para no morir de frío. O si, por ejemplo, queremos desarrollar un romance en plena sabana africana, es necesario que sepamos las características que la definen. Nos documentaremos, cierto, pero no dejará de ser worldbuilding.

Si creamos un mundo de fantasía, un mapa no es sólo un añadido estético; con él podremos calcular las distancias, definir el clima de las regiones y ubicar los puntos más característicos.

Elementos historico-sociales

El aspecto histórico social engloba, como su nombre indica, la historia de nuestra ambientación, así como todos los elementos de distribución de poder y riqueza. La ciencia ficción es especialmente creativa en este aspecto, desarrollando lo que se llama ingeniería social, que es la disciplina que se encarga de diseñar nuevos modelos de sociedad, partiendo de nociones distintas a las nuestras. Las utopías o distopías son sólo ejemplos extremos de la ingeniería social; podemos intentar crear una sociedad funcional como, por ejemplo, vemos en «Tiempos de Arroz y Sal» o «2312», de Kim Stanley Robinson, en «El día de los Trífidos», de John Wyndham o en «Ensayo de la ceguera», de Saramago.

Cada sociedad tendrá unos valores, una estructura moral, económica y de poder, que se habrá desarrollado de manera orgánica a medida que transcurría su historia. Conseguir que este proceso se perciba como algo natural y coherente es uno de los principales desafíos del worldbuilding pero, sin lugar a dudas, es el aspecto que más nos ayudará a que el lector conecte con nuestra historia.

Elementos filosóficos

Finalmente el aspecto filosófico engloba los elementos que, en última instancia, sentarán el tono de nuestra ambientación. Son las preguntas que, a menudo los personajes no serán capaces de responder, como si existe el libre albedrío, los dioses o, incluso, si hay equilibrio entre el bien y el mal. Por lógica, una ambientación donde exista la justicia y los personajes tengan un destino, será más optimista que una en la que el mal puede triunfar y los hombres pueden hacer lo que deseen sin que ninguna fuerza cósmica les oriente.

Pero también son importantes otras preguntas. Supongamos que queremos escribir una historia de terror en la que dejemos al lector con la duda de si los sucesos narrados han sido fruto de fuerzas sobrenaturales o de la locura del protagonista (como ocurre, por ejemplo, en «El Laberinto del Fauno»). Aunque queramos transmitir esa incertidumbre al lector, es imprescindible que nosotros sepamos en todo momento cuál es la realidad.

Una historia, como ya desarrollé en otro artículo, se basa tanto en lo que contamos como en lo que no contamos. Si imaginamos que nuestra novela es un tapiz del que quitamos una hebra, existirá un patrón, una lógica en los huecos que quedan. El lector nunca sabrá el color de la hebra y sólo podrá suponerlo, pero sentirá en todo momento que toda la información que no hemos contado forma parte de la misma cadena de acontecimientos. Por el contrario, si ni siquiera nosotros estamos seguro de cuál es la respuesta real, los huecos quedarán al azar y la novela no resistirá la lectura porque, precisamente, será entonces cuando los fallos de coherencia resulten evidentes.

En mi próximo artículo seguiré hablando sobre el worldbuilding, precisamente de la importancia de los niveles a los que debemos desarrollarlo.